Segunda parte:
La oveja de Dick

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Las 100 mejores películas de ciencia ficción según la Asociación de Críticos de Cine En Línea
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Recuerdo a Rick Deckard
Desorientado bajo la lluvia en una ciudad del fin del mundo, sentado de prisa frente a un vendedor de sushi y fideos, marcado por su oficio: un Blade Runner. Ya pasaron 20 años desde que esa escena fue proyectada por primera vez en una pantalla de cine.

"En los diarios no hay avisos para contratar asesinos. Esa es mi profesión, ex policía, ex blade runner, ex asesino", pensaba ese Rick Deckard, con apariencia de detective de mediados del siglo XX, mientras a su alrededor la realidad era absorbida por la fauna de una megaciudad del siglo XXI.

La primera escena de la película Blade Runner estrenada el 25 de junio de 1982 mostraba una ciudad de Los Ángeles en el año 2019 habitada por enormes edificios piramidales que empequeñecen a los rascacielos de antaño, iluminada por enormes despliegues de publicidad o por explosiones de origen desconocido.

El futuro parece diluirse cuando la mirada baja hacia la noche permanente de esas calles, donde los muebles, las oficinas, las ropas parecen cosas del pasado, o del presente de los espectadores de 1982. Pero unos minutos después, justo cuando aparece Deckard, la sensación de cambio es poderosa porque entra en escena una sociedad producida por la fisión cultural, un fenómeno el 2002 es perfectamente intuible y hasta comprobable.

El estreno de la película Blade Runner no fue un acontecimiento, aunque a la larga significaría un hito en la historia del cine de ciencia ficción que, de acuerdo con los informes de taquilla, es el preferido de los terráqueos. Con los años la película se transformó en un objeto de culto, convocó a su alrededor a una enorme cantidad de personas de diferentes generaciones, e impulsó el reconocimiento de una obra literaria de valor.

Hace veinte años el mundo aún estaba sometido a los vaivenes de la Guerra Fría, con Ronald Reagan en Washington y Leonid Brezhnev, quien moriría justo en 1982 para ser reemplazado por Yuri Andropov, en Moscú. En América Latina comenzaba la "década perdida" por una crisis que ahora amenaza con repetirse, y por supuesto, habíamos sido testigos de un trauma en vivo y en directo: la guerra de las Malvinas.

¿Recuerdan? Hubo un campeonato mundial de fútbol en España, ganado por Italia con goles de Paolo Rossi, la princesa Diana vivía y tuvo su primer hijo, y murió Grace Kelly. Ese año se estrenó una nueva versión de otra inquietante obra de ciencia ficción, La Cosa, dirigida por John Carpenter. Y la taquilla estaba liderada por otra película incluida en ese género: ET, el extraterrestre, de Steven Spielberg.

Pocos recuentos de las noticias de esa época evocan otro hecho de 1982. Apenas unas pocas semanas antes del estreno de Blade Runner falleció Philip Kindred Dick, autor obras de ciencia ficción, entre otras cosas de la novela "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" (Do androids dream with electric sheep?) de 1968.

Philip K. Dick (la K es indispensable) era un alucinado que tenía serias dudas sobre la realidad. En varias oportunidades comentó que la realidad podía ser fabricada, una posibilidad permanente en sus novelas. Como escenario de sus narraciones imaginó diversos futuros, pero al final las conspiraciones y sus desenlaces solían desarrollarse en la mente de los protagonistas.

"¿Sueñan los androides...?" es la fuente directa de Blade Runner. El asesino Deckard de la versión en papel vive en un mundo mucho más deprimido, sin el encanto del tono 'noir' de la película, pero su objetivo es el mismo: eliminar a un grupo de androides Nexus 6, fabricados para asistir en la colonización del espacio, que han regresado ilegalmente a la Tierra.

La película puso a sonar el nombre de Philip K., y además convirtió a "¿Sueñan los androides...?" en uno de sus libros más citados y probablemente el más requerido, aunque no siempre es fácil encontrarlo en español (Ed. Edhasa).

En el principio el filme recibió críticas apenas tibias. Algunos comentarístas sugerían que podía encantar sólo a fanáticos del género, pero otros consideraban que el resultado de la adaptación del libro era aburrido. De hecho, la taquilla fue inclemente. Pero una vez más quedó demostrado que no todo es venta de entradas.

La difusión por video, las transmisiones por televisión, los reestrenos en salas de arte, pronto alimentaron el fenómeno. Había alguna razón por la cual Blade Runner estaba conquistando un número cada vez mayor de adeptos. Algunos alaban su atmósfera, otros la escenografía, la particular visión del futuro, el dilema vital que contiene la trama, el hecho que fuera un futuro mucho más cercano especialmente en el aspecto de los personajes, o la sensación voceada por muchos de que era, simplemente, una obra maestra.

De acuerdo con los historiadores de esta película, el director Ridley Scott no estuvo en el origen del proyecto, sino que aceptó una propuesta para hacerlo, basado en un guión de Hampton Fancher y David Peoples. Scott ya había hecho Alien, otra impactante obra de ciencia ficción, y había dirigido Los duelistas, una gran película ambientada en las guerras napoleónicas.

Pero fue Scott quien imprimió su sello. Aportó el nombre definitivo proveniente de la historia The Bladerunner de Alan Nourse (sobre la cual alguna vez escribió un guión William S. Burroughs), y buscó a Syd Mead para que aportara su visión del mundo del futuro. Además, prohibió el uso del término 'androide' del original, e hizo popular el de 'replicante'.

En un célebre libro de comentarios sobre la película publicado por editorial Tusquets el cubano Guillermo Cabrera Infante sugiere que son réplicas pues no hay replicantes, "nadie replica nada". El mismo autor, quien considera que en este retrato "el futuro es de lo más odioso", también considero a Blade Runner "la más excitante y perfecta de las películas de fantaciencia, de Fanta y ciencia" desde "2001, una odisea del espacio", de Stanley Kubrik.

La Sociedad de Críticos de Cine en Línea estuvo de acuerdo con ese juicio. En su lista de las 100 mejores películas de ciencia ficción de la historia Blade Runner aparece segunda, superada sólo por 2001...

En 1993 Scott realizó una jugada interesante: lanzó una "versión del director" bajo el alegato que en el original debió blanquear el final para complacer a sus productores. En las dos horas que dura esta versión hay detalles que hacen más turbia la trama: Deckard sueña, y sus sueños son aparentemente conocidos por el otro asesino que lo acompaña como una sombre, Gaff. El dilema: ¿el blade runner también es un androide con memoria implantada y otras artificialidades?.

Grupos de noticias en Internet albergaron encendidos debates sobre este tema, que a veces duraron años. Las especulaciones daban para todo. En el año 2000, entrevistado por una cadena de televisión británica para el documental On the edge of Blade Runner, Ridley Scott admitió que Deckard es un androide. Algunos seguidores de la película, sin embargo, mantienen sus dudas.

Entretanto la película había dado origen a numerosos libros, juegos, sitios web, colecciones privadas de 'memorabilia', tesis universitarias...

Como telón de fondo de este verdadero culto queda una inquietud planteada por la visión de la película: ¿acaso los androides Nexus 6, ávidos de vida, son más humanos que los humanos?

Recuerdo a Roy Batty con su apariencia de ángel exterminador, sus ojos implacables, la fuerza. Y la impotencia de no poder vivir más pues los replicantes han sido programados para existir por un plazo máximo de cuatro años. Atraviesa su mano con un clavo, para sentir algo, cuando la vida se le va.

Y salva a Deckar, su verdugo. ¿Lo salva porque considera inútil perder una vida humana, o quizás porque supone, al igual que el director Scott, que también el blade runner es un Nexus 6?

Pero esa es una pregunta sin respuesta definitiva. Al igual que aquella otra, fundacional: ¿sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Continuará en: La oveja de Philip K.

(fin)


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