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Primera
parte:
Recuerdo a Rick Deckard
Enlaces:
una directorio a sitios sobre Blade Runner en la sección
de 'Travesías'

Algunos
datos:
"Blade
Runner", en español, se consigue (al menos en Latam) editado
por Pocket Edhasa. Y sí, lleva el nombre de la película. Y claro,
tiene algunos detalles de traducción, el más persistente de ellos
usar la palabra 'andrillos' para los androides... La verdad, podría
ser una edición mejor.
"Ma
gli androidi sognano pecore elettriche?" es una hermosa edición
en italiano, de Fanucci, publicada el 2000. Por cierto, en ese país
la obra de Dick se consigue en las librerías, en ediciones nuevas
y comentadas.
Y
luego está Internet, donde es posible encontrar textos completos,
aunque no conocemos los detalles del copyright. Estos enlaces son
externos, y no tienen relación alguna con El Planeta:
En
inglés
HTML:
http://members.aon.at/
gleitn12/DICKBR0Y.HTML
PDF:
http://www.kejvmen.sk/
dadoes.pdf
En
español:
PDF:
http://www.philosophia.cl/
Biblioteca/dick/runner.pdf
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La
oveja de Dick
El autor intelectual de "Blade Runner"
imaginaba un futuro turbio y esa es la base de una obra que no pierde
vigencia. En 1968, por ejemplo, retrató un planeta con la naturaleza
devastada, en medio del cual florecía una relación de odio entre
un asesino de androides y su oveja eléctrica.
El 3 de enero
de 1992, a primera hora de la mañana, Rick Deckard tuvo otra discusión
con su esposa, Irán. "Aparta tu grosera mano de policía",
le dijo ella. Entonces el aclaró que "no soy un policía".
Pero eso sólo sirvió para una recriminación más fuerte: "eres
peor... un asesino contratado por la policía".
"En la
vida he matado a un ser humano", respondió Deckard, cazador
de androides. Tras la pelea se coloca un protector genital de plomo
y sube al tejado del edificio, donde pastaba su oveja eléctrica,
tan sofisticada que podría engañar a quienes no conocían su verdadera
naturaleza. Allí al descubierto "el aire de la mañana, lleno
de partículas radiactivas que oscurecían el sol, ofendía su olfato.
Aspiro involuntariamente la corrupción de la muerte".
Ese día y en
esos términos transcurre la primera escena de la novela "¿Sueñan
los androides con ovejas eléctricas?", que se convirtió en
la novela más conocida aunque no igualmente leída de Philip K. Dick
después que sirviera de inspiración para la película "Blade
Runner", considerada como un clásico del cine.
A 20 años casi
exactos del estreno de "Blade Runner" el nombre de Dick
aparece asociado al de otra película, "Minority Report",
que genera gran impacto porque es un producto del midas cinematográfico,
Steven Spielberg, en el cual actúa una gran carnada de espectadores,
Tom Cruise, quien a pesar del escenario sigue teniendo más cara
de barman que de policía del futuro.
"Minority
Report" está basado en una de sus historias. Al igual que sucedió
con otras películas que recrean sus textos: "Total recall",
"Screamers", "Impostor". Y otras que según comentaristas
se inspiraron en sus visiones: "Truman show", "Matrix",
"Pi".
Una ironía,
porque su obra no fue verdaderamente apreciada durante su vida,
que estuvo cargada de excentricidades, de opiniones lapidarias,
de textos que muchos consideraban tortuosos. Con el tiempo quienes
aman las comparaciones suelen invocar nombres como los de Kafka,
Borges, Orwell, cuando buscan una forma de encuadrar sus libros.
"Todo lo
que puedo decir es que el mundo de 'Blade Runner' es donde realmente
vivo. Allí es donde pienso que estoy", comentó Dick poco antes
de morir en 1982, justo el año en que la película inició su largo
peregrinaje por las salas de cine, proyectando la imagen de un futuro
'negro' o 'noir', como dicen los conocedores. Y quizás daba esa
impresión porque más allá de la trama resultaba muy cercano a nuestra
realidad. "Es un mundo donde vive gente. Y los autos usan combustible
y son sucios y hay una especie de lluvia cayendo y es brumoso. Es
terriblemente convincente", opinó el escritor, en un texto
que puede ser encontrado en Internet.
En el epicentro
de la narración Deckard es un exterminador contratado por la policía
para eliminar los androides que regresan a la Tierra desde las colonias
espaciales donde son usados como esclavos. Esta vez se trata de
modelos Nexus-6, de una rara perfección, que tienen una sola limitante:
viven cuatro años. Pero son máquinas inteligentes, y quieren ser
libres.
Alrededor de
ese conflicto hay una serie de emociones y un despliegue escénico
que contribuyen a forjar el retrato de un momento social. Pero existen
diferencias importantes entre la película, que ha sido vista por
una impresionante cantidad de gente, y el libro, mucho menos conocido.
En el caso de los latinoamericanos, durante muchos años ni siquiera
era posible conseguirlo en librerías (ver datos al costado).
Uno de los grandes
logros de la película dirigida por Ridley Scott con un equipo de
colaboradores lúcidos fue lograr una buena atmósfera de futuro,
incluyendo los escenarios, la iluminación, los gestos. La selección
de los personajes también fue precisa, y algunos actores cargan
hasta hoy con el peso de seguir siendo identificados con su papel
de 1982.
A diferencia
del libro, que sitúa la acción en San Francisco en 1992, la película
lo hace en Los Ángeles en 2019. Hay peculiaridades que quienes recuerden
el filme podrán distinguir: en la novela Deckard tiene esposa con
voz propia, la corporación fabricante de androides se llama Rosen
y no Tyrell, la persona que aloja a los androides no es un creador
genético con una extraña enfermedad sino un deficiente mental.
Pero más allá
de lo anecdótico existen otras divergencias importantes entre las
dos obras. La novela contiene elementos que contribuyen a generar
una atmósfera más ruinosa y pesimista, y siempre deja claro que
todo ocurre en un planeta abandonado por los más aptos y saludables.
Para quienes aún permanecen en la Tierra, el mensaje es: "emigra
o degenera".
Todos los seres
vivos no humanos fueron afectados por una guerra radiactiva que
extinguió casi todas las especies. Los animales verdaderos son escasos
y por lo tanto codiciados, un símbolo de estatus cuyos precios exhorbitantes
son marcados por el catálogo Sidney, que todos conocen aunque muy
pocos puedan pagarse un lujo de esa naturaleza.
La alternativa
son los animales eléctricos. Imitaciones excelentes capaces de engañar
a cualquiera, menos a sus dueños. Deckard vive con la obsesión de
reemplazar su oveja eléctrica por algún animal de verdad, lo que
sea, y ese es el principal motivo por el cual acepta matar androides,
para juntar el dinero.
Varias veces
aparece mencionado el 'kippel', que son los desechos de la civilización,
la basura misma.
Otro elemento
clave de la novela, aunque hace más espeso su argumento, es la presencia
de una especie de sentimiento religioso, llamado "mercerismo".
Mediante unas consolas los humanos pueden conectarse a una red (aunque
no aparece calificada como tal) y compartir el sufrimiento con Wilbur
Mercer. Lo verdaderamente importante es que son partícipes de una
sensación de identificación, una empatía, que es imposible para
los androides.
Además los humanos
aparecen retratados como dependientes de su conexión a un aparato
definido como el "órgano de ánimos" al cual puedes bajarle
el nivel hasta que te haga perder la conciencia. De esa manera,
pueden resistir una vida de mierda.
Eso sí, cuando
Deckard no estaba conectado, afloraba el odio que sentía hacia su
oveja eléctrica, "que debía cuidar y atender como si estuviera
viva" para disimular ante los vecinos. "Ella no sabe que
yo existo".
La novela, publicada
en el legendario 1968, cuando aún salían nuevos discos de los Beatles,
París era zona de protestas, la guerra de Vietnam estaba en pleno
desarrollo y masacraban estudiantes en una plaza mexicana, tiene
un argumento más complejo que el de la película. Y los personajes,
incluso los androides, son más humanos en sus miserias y mucho menos
poéticos en muchos de sus sentimientos.
Dick ha dicho
que uno de sus objetivos era presentar a un exterminador de androides
que se deshumaniza, mientras los androides son percibidos como cada
vez más humanos. Esa dinámica fue pasada con éxito hacia la película
"Blade Runner", título que no tiene nada que ver con la
novela, por cierto.
Después de la
difusión de una 'versión del director' de la película el argumento
es aún más confuso: todo parece indicar que el Rick Deckard del
celuloide también es un androide. Pero para algunos la sensación
no es definitiva (pese a las confirmaciones del director del filme)
y ha dado origen a numerosos debates sobre el tema.
En el libro
el asunto de la naturaleza también es un tema importante. Los cazadores
de androides pueden dudar de su verdadera composición y a Deckard
le sucede. En parte, porque se deja tentar sexualmente, y termina
en la cama con la protagonista femenina, la androide conocida como
Rachael: "Rick la desnudó, dejando expuestas sus nalgas claras
y frescas".
Y Rachael: "no
te vas a acostar con una mujer, no te decepciones, ¿quieres? ¿alguna
vez has hecho el amor con una androide?".
Después Deckard
le confiesa que si fuera una mujer de verdad abandonaría a su esposa
para irse con ella. Pero todo ha sido una trampa de Rachael quien
le asegura que se acostó con otros ocho o nueve cazadores antes,
y ninguno pudo seguir dedicándose al oficio de exterminador. "Esa
tristeza, eso es lo que busco", le asegura.
Rachael después
matará la cabra de verdad que Deckard se había comprado tras retirar
a los primeros androides. Sin embargo su trampa no funciona, porque
el cazador completa su violenta misión. "Los androides son
estúpidos", opina.
Después, cuando
se entera de la muerte de su cabra nubia, con la cual esperaba criar
cabritos, trata de huir de si mismo.
Philip K. Dick
solía situar la parte más conflictiva de las tramas de sus novelas
en las mentes de los personajes. Eran viajes hacia el espacio interior.
Ahora que su
obra es objeto de estudio se lo recuerda como una persona compleja,
que tuvo sus propias paranoias y sus alucinaciones. En muchos de
sus libros coquetea con la idea de que la realidad es manipulada
de alguna manera, y aunque eso nos afecta, no nos damos cuenta.
En "Blade
Runner" y en "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?"
la duda sobre lo que es real llega hasta la frontera más incógnita,
la que está adentro de uno mismo.
(fin)
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