La llamada del eros

¿Cómo se manifiesta el cibersexo? En el territorio más erótico de Internet florecen negocios, orgasmos, voyeurismos, perversiones, tecnología, ilícitos, contactos, consultorios, peligros, relaciones, onanismos, exhibiciones... mientras llegan los coitos del futuro.

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Mira hacia el horizonte: hay pocas cosas tan inhumanas como el futuro. Los pronosticadores profesionales e incluso personas comunes y silvestres alimentadas con ciencia ficción televisada ven por delante una civilización dependiente de las máquinas para gran parte de su funcionamiento, incluso para sus eyaculaciones.

Cualquier paseo a través de las ideas sobre el sexo del futuro termina en el mismo lugar, en la imaginación de osgarmotrones, de trajes cubiertos por electrodos que nos harán visitar el nirvana sexual, de mundos de realidad virtual donde seremos quien nos dé la gana ser y nos acostaremos con cualquiera, de elevados sistemas de contacto personal, un mundo de luces y sombras, de experiencias al borde de la irrealidad.

Quienes temen por el destino del romance a manos de los vilipendiados bajos instintos en estos escenarios futuristas mejor se preparan: el futuro está aquí y se llama ciberesexo.

Un cibersexo rudimentario, aunque los síntomas de su existencia están por doquier. Incluyen tanto ese aparato vibrador llamado 'Invasor anal' cuyos impulsos pueden ser controlados desde un computador remoto por la pareja de turno, como la inocencia de Asia Carrera en su traje de próspera empresaria de Internet que usa cuando no está lidiando con la filmación de tórridas escenas del cine porno.

"¿Tienes una cámara web? ¡Entonces sácate la ropa y comienza a ganar plata!", sugiere un anuncio de estos tiempos de la sociedad de la información, en la cual uno de los negocios lucrativos está basado en la existencia de millones y millones de voyeurs que recorren el ciberespacio en busca de algo digno de sus miradas, algunos de ellos al borde de la adicción.

Lo que parece estar por detrás de estos cambios no es el advenimiento de las tecnologías de la información y la comunicación, que los estudiosos de estos fenómenos llaman TIC, sino algo más persistente, esa omnipresencia del sexo en el inconsciente individual y colectivo de los humanos. Está allí, tanto en las cabezas de los pornógrafos como en las de los puritanos, en la de los censores y la de los libres de mente, y por eso no es extraño que en apenas unos pocos años haya permeado Internet.

Lo interesante del sexo en tiempos de Internet son las transformaciones que provoca y que insinúa en diversas áreas del comportamiento humano. Pero también somos testigos de una explosión en el campo de los negocios eróticos basados en alta tecnología y de nuevos caminos en las relaciones entre los humanos.

En todos los casos la palabra de referencia es el cibersexo, castellanizado del inglés original, cybersex, amalgama de dos conceptos: ciberespacio y sexo. ¿Qué es? El término aparece citado en glosarios tecnológicos, basta darle un vistazo a los resultados de un buscador en Internet. Y casi todas las definiciones van por este camino: "expresiones de sexualidad que responden a imágenes o palabras en el computador".

En el documental "Placeres Sintéticos" de 1997 hubo una visión un poco más directa y amplia: "cada vez que hay una máquina entre tú y tu orgasmo".

Quizás haya que pensar en una definición un poco más amplia: es el sexo en Internet, lo cual incluye tanto las nuevas modalidades para el ejercicio erótico, como un potente mercado digital que cree en los nuevos tiempos. La carne para los próceres de estos negocios ya no está formada por átomos sino por bits.

Por ahora el cibersexo tiene limites, apenas 10 por ciento de la humanidad está conectada a Internet y es probable que pasen muchos años antes de derribar las barreras sociales, educativas y culturales que permitirán el acceso universal a la información. Sin embargo su mera existencia es perturbadora, tal vez porque los internautas provienen de la parte más visible y consumidora de la sociedad, o quizás porque está teñida de turbiedad, lo cual para unos es bueno, y para otros malo.

Uno de los primeros descubrimientos tras la llegada de Internet a nuestras vidas fue que el sexo vende, por encima de la crisis y más allá de las especulaciones bursátiles. Quienes observan el desarrollo de los denominados 'sitios porno' como un ejercicio de presunta depravación pierden de vista la existencia de un audaz negocio que está vinculado tanto al desarrollo de la conectividad como al surgimiento de nuevas conductas humanas.

Los sitios de sexo tienen la capacidad de hacer dinero debido a la gran curiosidad y fidelidad que provocan entre sus usuarios. Y lo saben. Por ese motivo son los primeros en invertir en tecnologías: sistemas de pago, difusión de videos, videochats interactivos, ventas en línea, conexiones de banda ancha, como si fuera una gran pista de pruebas de Internet, con internautas que están dispuestos a arriesgarse.

Desplazadas las viejas revistas porno, los nuevos líderes de la industria alimentan un mercado en el que proliferan bancos de fotos, sistemas de intercambios de links, promociones audaces que también suelen ser invasivas, proveedores de espacio para sitios web en servidores de inusual potencia, y una gran cantidad de empresas de diverso calibre participantes de la proyección del sexo hacia Internet como proveedores, por ejemplo, de diseño o programación.

Un objetivo crucial de los sitios web porno es mantener el tráfico de visitantes y conseguir clientes para una serie de servicios que se reinventan a diario: desde sospechosos sistemas de verificación de edad hasta ventas de ropa interior de artistas de cine XXX. Para lograrlo están dispuestos a todo, y ensucian el tráfico de información con correos no solicitados, con el desvío de direcciones web, con avisos inesperados, incluso con la invasión de los discos duros.

En esa región de Internet aparecen las divas del cine porno transformadas en empresarias, los centros de espectáculos con sucursales 'virtuales', y servicios de acompañantes con catálogos en línea. Pero hay mucho más: por ejemplo hay una cantidad de gente que probablemente nunca había pensado en participar en esta industria que no sólo coloca sus fotos eróticas, sino que también gana plata con esa exhibición.

La galería del cibersexo incluye también a legiones de 'amateur'. ¿Quiénes son? ¿Dónde estaban antes? Colocan en sitios web sus fotos en poses audaces, o activan cámaras web en sus dormitorios, alimentando a un ejército de 'voyeuristas' que recorren el ciberespacio.

Personas que exponen sus diarios íntimos, adolescentes que coquetean en portales dedicados a hacer amigos, foros de alta temperatura, salas de conversación donde el tema es redundante, clubes de solitarios, videojuegos cargados de sexo, avisos clasificados... también forman parte del universo de la cibersexualidad.

Esa cibersexualidad limita con la zona oscura de Internet y provoca encendidos debates relacionados con el impacto de esta revolución de la información. Ahora que el sexo y el porno son más accesibles, ¿no debería existir un mecanismo para mantener fuera de ese territorio prohibido la mirada de los niños? En los extremos se enfrentan los partidarios de imponer la censura en la Red de redes, contra quienes plantean la necesidad de aprender a convivir con este nuevo estado de las cosas.

La industria del porno en línea genera también subproductos relacionados con este debate: programas de filtro de la navegación, estrategias para las empresas que quieren evitar el acceso de sus empleados a este tipo de contenidos, organizaciones bien financiadas que pretenden velar por la moral del colectivo, empresas de seguridad...

Y en zonas aún más oscuras, Internet suele aparecer retratada como un vehículo para perversiones. De ellas la que más problemas causa es el tráfico de pornografía infantil, cuya producción y comercio es un delito que moviliza a policías de todo el mundo hacia el ciberespacio, donde se ha podido conocer cual es la verdadera dimensión de este problema en la sociedad.

Los encuentros con personas desconocidas contactadas por la Red que terminan en crímenes, y una gran lista de estafas, incluyendo el temido robo de números de tarjeta de crédito, también alimentan la leyenda negra de este naciente cibersexo. Y además debe ser cierto que la proliferación de un negocio emparentado con prácticas ilegales desde la antiguedad también puede tener otras consecuencias desagradables, por ejemplo un aumento en la explotación del humano por el humano.

Sin embargo el cibersexo no tiene vuelta atrás. Forma parte de Internet y seguirá allí legal o ilegalmente, con o sin censura. Todo lo cual planteará difíciles dilemas para nuestra 'cibercivilización'.

¿Y cómo evolucionará el cibersexo? La palabra ya tiene su expresión más sofisticada en las nuevas relaciones que se producen entre seres equipados con la tecnología adecuada: camaras, micrófonos, banda ancha quienes a través de una conexión exploran este sexo más allá de la carne, erotismo remoto (porque pueden estar en lugares muy distantes....). Incluso comienzan a producirse vibradores y otros accesorios que pueden ser manejados por la... ¿pareja? Una pareja que a veces puede ser un programa de computadora, o una rutina pregrabada por una striptisera.

Quienes practican esta forma de ciberesexo no le temen al intercambio de fluidos lo cual alivia muchas de las paranoias contemporáneas. Pero también es cierto que pierden una parte importante del contacto: ¿se podrá prescindir de la carne y la cercanía? Hay quienes pueden ser determinantes en su apreciación sobre estas practicas de sexo a distancia: ¿una simple masturbación?

En la feria de las imaginaciones el sexo a distancia comanda el camino hacia el futuro. Se habla de trajes dotados de millares de sensores, de equipos de realidad virtual invasiva, de vibradores de alta tecnología, de... una serie de aparatos sacados de ciencia ficción. Sería otra forma de buscar las sensaciones químicas de las que en cierta forma dependemos. ¿Los hijos? De laboratorio.

Es un escenario poco alentador, pero la tecnofilia, que es otra perversión, dulce para algunos y amarga para otros, parece no tener límites. El único límite será el amor, o el horror.

 

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