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Correo
electrónico
Spam: CARNE ENLATADA
Una de las discusiones más acaloradas de Internet tiene
que ver con el Spam. En la vida real es una espie de ¿jamón?
enlatado, pero en las redes se trata de toneladas de correo
electrónico indeseable enviado hacia los usuarios por una
nueva generación de publicistas. Continúa la búsqueda de fórmulas
para acabar con esta plaga.
Cuando
se abre ese espacio mágico denominado casilla electrónica,
casi siempre se espera una sorpresa. La reaparición de una
vieja amistad, mensajes que han cruzado océanos en un instante,
una respuesta a la solicitud de trabajo, o simplemente una
foto en formato .gif, que luego ejecutaremos desde nuestro
browser o navegador.
Pero las sorpresas también pueden ser contaminantes. Y es
lo que sucede cuando detrás de un misterioso remitente se
oculta la oferta de un servicio de correo gratuito, de un
producto a precio ridículo, o de colocación de publicidad
en webs que presuntamente son visitados sin cesar.
Estas cartas son enviadas a cientos, miles o millones de usuarios,
aunque ninguno de ellos las ha solicitado. En el argot de
Internet el fenómeno se conoce como Spam, que es el nombre
de una carne enlatada de consumo masivo en Estados Unidos.
Es justamente en ese país donde el Spam electrónico florece
con toda su fuerza, lo cual es lógico si se tiene en cuenta
que se trata del más conectado en el mundo. Pero la Internet
vive un profundo proceso de internacionalización, y la práctica
ya comenzó a difundirse en otros países. En América Latina
aún no son demasiados los mensajes con ofertas inesperadas
y a menudo indeseadas, pero la tendencia natural será a que
se popularicen.
La cantidad de iniciativas que se están realizando para tratar
de "limpiar" el mundo del correo electrónico, atestiguan
la existencia de una preocupación.
Incluso la Fuerza de Tareas de Ingenieros de Internet (IETF),
una organización que busca soluciones para problemas tecnológicos
generados por la expansión de las redes, dedica tiempo a explorar
mecanismos para combatir el Spam.
Sin embargo se trata de un encargo complejo, pues aún no se
vislumbra ninguna solución tecnológica ni legal que pueda
resolver por completo esta plaga electrónica en una Internet
dispersa y diversa. Algunos administradores de servidores
de Red citados por agencias que informan sobre el acontecer
ciberespacial, advierten que el Spam vivirá con nosotros,
de ahora en adelante.
La
defensa
Una
de las propuestas antiSpam sugiere etiquetar e identificar
plenamente los mensajes electrónicos que califican como Spam,
con la finalidad que los proveedores de acceso a Internet
puedan filtrarlos con facilidad, cuando no deseen verlos.
La propuesta responde a uno de los problemas esenciales que
plantea el Spam, como es el del costo para el receptor del
aviso.
Cuando alguien manda un mensaje de correo electrónico usa
tiempo de conexión, disco duro y hasta energía del recipiente,
algo que en general no debería causar demasiadas perturbaciones...
hasta que el envío se vuelve reiterativo y masivo, característica
esencial del Spam. Además, se congestionan los servidores
de los proveedores y sus líneas de telecomunicación lo cual,
nuevamente, va en perjuicio del usuario final.
En uno de los "faq" o preguntas más frecuentes sobre
esta técnica de mercadeo electrónico, se da una idea de lo
pernicioso de su naturaleza: America On Line, el proveedor
más grande del mundo, dijo que su sistema recibía 1,5 millones
de mensajes diarios de Cyber Promotions, que en una época
era la principal empresa de Spam. Si cada usuario se demora
unos segundos en bajar uno de esos mensajes, estaríamos hablando
de alrededor de 5.000 horas de conectividad.
Y el envío de esos mensajes no le costaría nada extra a quien
los enviara a través de una línea dedicada de alta capacidad,
por ejemplo un T1 de 1,5 mbps, que en Estados Unidos puede
costar unos 100 dólares diarios. No hay ningún otro sistema
publicitario que sea tan barato, teniendo en cuenta el enorme
grupo de destinatarios.
En la vida real lo más parecido al Spam son las promociones
que llegan por correo, nuevamente más abundantes en Estados
Unidos que en otros países. Estos envíos se califican como
"junk mail" o correo chatarra, si lo traducimos
siguiendo la senda de la comida chatarra. Pero hay una diferencia,
pues en este caso el remitente paga papel, estampilla, etc,
mientras que el receptor puede tirarlo a la basura sin abrirlo,
y sin ningún costo. El proveedor, en este caso el correo,
se nutre económicamente de este tráfico.
Lo más utilizado contra el Spam son los filtros de mensajes,
aunque no siempre funcionan.
Los filtros o bloqueos tienen dos desventajas. Una de ellas,
es que son permeables y pueden ser traspasados por ciertos
tipos de mensajes encubiertos, donde no está clara la intención
publicitaria. Y, cuando son eficientes, suelen frenar también
mensajes que no son Spam, por ejemplo cartas destinadas al
usuario.
El otro mecanismo estudiado es el de lograr acuerdos entre
proveedores y compañías dedicadas al envío de mensajes, con
el fin de lograr un acuerdo que permita a los usuarios un
mayor control sobre el Spam con el cual son bombardeados.
Pernicioso
Y
por supuesto está la carne enlatada, la cumbre del exotismo
culinario de Estados Unidos. Al abrir la lata sale un ladrillo
visiblemente aglomerado, de olor fuerte, que puede rebanarse
pese a una cierta fragilidad. ¿De qué está hecho?, es una
pregunta que se repite a través del ciberespacio. Pero una
asociación de enemigos de este producto usa esta incógnita
para rechazar su consumo. "No a las carnes misteriosas",
proponen.
Por otro lado existe toda una especie de cultura en torno
a las latas de Spam, incluyendo la gráfica, recetas, poemas,
historias que se despliegan en una serie de páginas web. En
Yahoo! hay una categoría dedicada a este tipo de comida, donde
aparece por ejemplo The Amazing Spam Homepage, con la siguiente
dedicatoria a este alimento: "néctar de dioses, héroe
de los picnic".
Lo insólito no tiene límites, porque existe hasta una Iglesia
del Spam, y varios altares asociados. Todo en Internet, donde
además los cómicos ingleses de Monty Python, que lo usan para
numerosos chistes, mantienen un Spam Club.
¿Cuál es el punto de encuentro entre esta rosada carne y la
práctica de inundar las casillas electrónicas de los cibernáutas?
Hay varias teorías. La empresa Hormel comenzó a fabricar el
producto en 1926 y en los años 50 había una publicidad donde
el nombre se repetía "Spam, spam, spam, spam". Esa
misma línea fue usada en un episodio sobre vikingos que filmaron
los Python, y que habría inspirado a un usuario de las redes
de los 80 a invocar la reiteración para ganar atención en
un grupo de noticias.
La teoría más apasionante apareció en la revista Time a comienzos
del año pasado: la fuente de inspiración es lo que ocurre
cuando vacías el sinuoso ladrillo de carne sobre un ventilador
funcionando a la máxima velocidad. Lo demás pertenece al territorio
de la imaginación.
En los "faq" se advierte que la definición de Spam
está basada en la reiteración y el volumen. "Se trata
de inundar la Internet con copias de un mismo mensaje, para
tratar de hacérselo llegar a personas que no lo recibirían
si tuvieran la opción de rechazarlo", dice uno de los
numerosos sitios que organizan campañas internacionales contra
esta práctica.
"¡Combata el Spam en la Internet! ¡boicotee el Spam!"
propone uno de estos webs donde el envío de este tipo de mensajes
es considerado como un abuso, y por lo tanto su eliminación
no se consideraría un atentado a la libertad de expresión.
Y para terminar: ¿cómo operan estos siniestros marketeros?
¿cómo descubren a las víctimas de sus envíos? Realizan lo
que se llama procesos de "escaneo" a través de webs,
de grupos de noticias y de directorios de páginas personales,
para recolectar las casillas electrónicas y enviar mensajes
a cada usuario.
Otra de las fórmulas es la de colocar los mensajes en los
grupos de noticias, donde pueden ser abiertos por todos aquellos
que van sólo a leer las noticias, quienes generalmente están
más desprevenidos que los habitúes frente a este tipo de publicidad.
También apuntan hacia el sistema de listas de correo, que
opera mediante el envío por e-mail de documentos, revistas,
etc. Para recibirlos es necesario suscribirse, y las empresas
que hacen Spam se suscriben a una gran cantidad de estas listas,
pero no para difundir sus cartas, pues los emisores de la
lista no lo permitirían, sino para capturar las direcciones
de los otros participantes.
Bien, son las vicisitudes de la era de la comunicación.
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