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Correo embutido
Los envíos de correo no solicitado existen desde la época fundacional de Internet y aún no se encuentra una cura. ¿Cómo funciona?: imagine carne aglomerada triturada por un ventilador.

Noticias ciberespaciales de reciente emisión reseñaban la aparición de nuevos mecanismos para luchar contra una costumbre de negocios que impacta en forma perversa el ánimo de los navegantes, y que se denomina con una corta palabra en inglés: ''Spam''. Casi todos los usuarios de Internet saben qué es: correo no solicitado, enviado en forma masiva, que llega en forma inexplicable hasta nuestras casillas electrónicas con ofertas comerciales o llamados a visitar un insólito sitio web.
Pero la aparición de nuevas herramientas contra el Spam no significa su erradicación. La verdad es que esta práctica de mercadeo y publicidad nació con la masificación de Internet, y probablemente no desaparecerá.
Los sistemas de SpamCop y SamSpade representan un nuevo intento por lidiar con el problema del correo no solicitado. Esta vez no tratan de bloquear los mensajes electrónicos, sino que se meten en su código para rastrear el origen, con el fin de solicitarle a los administradores del servidor desde donde partió que desactiven la aventura de márketing. Y más allá de las peticiones de cortesía puede haber incluso demandas legales.
¿De dónde viene el Spam? Aunque no hay una historia oficial, se asume que el primer acto de Spam ocurrió en 1994 en el mundo de los grupos de noticias o Usenet, un territorio que para entonces (cuando recién aparecía el web) ya estaba desarrollado, basado en la confluencia de personas con intereses comunes que desean escribir y opinar. Los abogados Laurence Canter y Martha Siegel enviaron entonces un mensaje colectivo a algunos grupos de Usenet, promoviendose como expertos para resolver problemas de inmigración en Estados Unidos.
Ese episodio detonó avalanchas de protestas contra la pareja de abogados. Pero se había roto una frontera.
Y a lo largo y ancho de Internet comenzó a hablarse del Spam, y sus productores fueron conocidos como "spammers". La palabra es misteriosa, salvo para quienes han tenido el dudoso honor de comer un oloroso ladrillo de carne enlatada, de consistencia sinuosa, que forma parte íntegral del folclore gastronómico norteamericano.
Las latas de Spam fueron instroducidas en el mercado en 1926 por la empresa de alimentos Hormel y con el paso de los años se han convertido en un ícono. "Néctar de dioses, héroe de los picnics", aseguran en The Amazing Spam Homepage. Sin embargo sus detractores también tienen sitios web y lanzan una consigna definitiva: "no a las carnes misteriosas".
Una navegación por la Red develará canciones, poemas y altares relacionados con el tema. Antes de la Red esta especie de jamón ya era objeto de chistes, en especial por parte del grupo británico Monty Phyton, que en una escena obsesiva copiaban un comercial de los años 50 donde se repetía: "spam, spam, spam...". Hay quienes dicen que de esta forma nació la asociación con los emails.
Pero en 1997 la revista Time reseñó una teoría mucho más cósmica: ¿qué pasaría si el contenido cárnico de una lata de Spam fuera vertido encima de un ventilador funcionando a toda velocidad?
La existencia del Spam en Internet es verdaderamente perturbadora y durante los últimos años ha generado programas especiales para contrarrestarlo, proyectos de ley estudiados por diversos parlamentos del mundo para sancionarlo, demandas judiciales por doquier, grupos de usuarios antispam, y estudios de ingeniería.
Las víctimas del Spam alegan que además de recibir correo no solicitado y de experimentar una saturación de sus casillas electrónicas, financian la estrategia de mercadeo pues esta se realiza a costa de un tiempo de conexión pagado por el receptor del mensaje publicitario.
Para quienes practican el Spam un atractivo clave es el del costo, pues el envío de mensajes electrónicos resulta muchísimo más barato que cualquier otro sistema.
El mundo de los mensajes electrónicos no solicitados incluye el uso de servidores de correo gratuito, de casillas de origen falsas, la contratación de personas que ganan dinero haciendo Spam para otros, la aparición de empresas que por una módica suma ofrecen a sitios web anunciar sus bondades a miles y miles de personas. Y, por cierto, el incómodo tráfico de bases de datos.
Mucha gente se queja de que después de entregar sus datos para recibir un servicio teóticamente gratuito, comienza a recibir publicidad. O de que su casilla de email gratuito (como Yahoo o Hotmail) se llena de propaganda, usualmente porque no se percató de la necesidad de especificar que no quería recibir esos mensajes.
Tanto Yahoo! como Hotmail habilitaron desde marzo sistemas de bloqueo que dirigen todo el correo masivo hacia casillas especiales, que no molestan al usuario del servicio. Pero estos sistemas enfrentan problemas típicos de estos sistemas de protección: no siempre son eficientes, y además de colar la propaganda pueden dejar fuera otros mensajes de lista que sí son de interés.
Los especialistas consideran que pese a la molestia aparentemente generalizada de los cibernautas, el Spam continuará. Un estudio de Ernst and Young dado a conocer por The Los Angeles Times en enero, revelaba que 14 por ciento de los receptores de correo no solicitado suelen responder a alguno de esos mensajes.
Un estudio de Chooseyourmail.com, difundido en la Red en noviembre del año pasado, reveló que 30 por ciento del Spam son mensajes pornográficos, y una porción similar se trata de promesas para hacerse rico en poco tiempo.
La investigación realizada sobre una base de 98.000 mensajes, demostró que 2.500 eran virus, que 17.000 tenían remtentes de America On Line (AOL). Muchos de esos mensajes ofrecían Viagra. ¿Y qué pasaría si uno lanza una pastilla de Viagra contra un ventilador funcionando a toda velocidad?

 

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