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Apuntes sobre
el ciberespacio
De la literatura a la realidad: es un viaje posible, quizás
más frecuente de lo que creemos. Pero pocas veces había
tenido tanto impacto como ocurrió con la palabra 'ciberespacio',
que ahora es sinónimo de Internet.
La forma más
rápida para perderse en el ciberespacio es escuchar una de
sus definiciones fundacionales: "allí no existe el allí".
Es una travesía que va más allá del tiempo y
el espacio, hacia una zona impalpable que habita más allá
de nuestros monitores, donde confluyen las conexiones y por lo tanto
las relaciones de una nueva era. Para muchos la conclusión
es fácil: es la Internet.
Ahora el concepto y su prefijo 'ciber' (o 'cyber') abundan por doquier,
inundan la realidad real, incluyendo áreas que hasta hace poco
estaban distanciadas de la contaminación literaria, como la
economía o el derecho. Una inserción que forma parte
de una época de transformaciones, y que llegó importada
directamente desde la ciencia ficción. (Vea nuestro sitio sobre
el ciberespacio)
Curiosamente la palabra que alumbra una revolución tecnológica
fue tipeada por primera vez en una máquina de escribir de los
años 20. Y ese hecho ocurrió a comienzos de los 80 cuando
Internet como la conocemos hoy aún no existía.
En 1981 el escritor William Gibson hizo la primera insinuación
en un cuento llamado "Quemando a Cromo". Allí introduce
a sus personajes del futuro, los "cowboys" o asaltantes
que buscan despojar "al sistema nervioso de la humanidad"
donde los entes dominantes son misteriosas y poderosas corporaciones,
que protegen sus sistemas de información con sistemas denominados
ICE (que en inglés quiere decir hielo).
Justo en ese cuento, el personaje Bobby Quine trata de romper un ICE,
el de Cromo, con una consola Ono-Sendai, más conocida como
'Cyberspace seven', con la cual surca la Matriz, definida como "una
representación abstracta entre sistemas de información".
Ya había sido lanzada la primera piedra, las escenas eran feroces:
"Hacía calor la noche que quemamos a Cromo, en las plazas
y calles las mariposas aleteaban hasta morir contra las luces de neón...".
Gibson, quien vive en Canadá desde que escapó del servicio
militar estadounidense para no ir a Vietnam, lo intentó nuevamente
en 1984, con una de las novelas más premiadas de la historia
de la ciencia ficción: "Neuromante". La primera frase
ya era reveladora: "El cielo sobre el puerto tenía el
color de una pantalla de televisión sintonizada en un canal
muerto".
El ciberespacio aparece esta vez con toda su fuerza: "es una
alucinación consensual, experimentada diariamente por billones
de legítimos operadores en todas las naciones... una representación
gráfica de la información proveniente de todas las computadoras
del sistema humano. Una complejidad inimaginable...".
"Un año allí y aún soñaba con el
ciberespacio", retrata la novela al personaje principal, Casey,
un cowboy que pronto se encontraría vagando por un mundo de
redes donde las inteligencias artificiales son los seres dominantes.
"Neuromante" dio origen a una "trilogía del
ciberespacio", tres novelas escritas durante los años
80 que retratan un futuro distante en el cual la alucinación
consensuada es predominante. En la tercera parte, en "Monalisa
acelerada", aparece otro argumento clave: "Allí no
existe el allí. Eso le enseñaban a los niños,
cuando les explicaban el ciberespacio...".
En los 90, Gibson publicó una segunda triología sobre
un futuro más cercano y con la Internet como modelo para inventar
escenarios, donde juguetea con la arquitectura del futuro y con la
existencia de ídolos virtuales que están confinados
al ciberespacio.
De uno de los cuentos de la recopilación de "Quemando
a Cromo" surgió la película "Johnny Mnemonic",
una fuerte producción de Hollywood protagonizada por el costoso
Keanu Reeves, donde Gibson tuvo una intensa participación en
la definición de escenarios. Hace dos años, el polémico
director Abel Ferrara llevó otra de esas historias a la pantalla:
"New Rose Hotel".
La ciencia ficción de Gibson no es fácil, está
plagada de sugerencias e invenciones, de teorías sobre el futuro
tecnológico y social, lo cual a veces contribuye a empantanar
a sus traductores. Minotauro, la empresa que lo edita en castellano,
ha generado algunos productos lamentables. Para comenzar, "Neuromante",
donde el ciberespacio es denominado espacio cibernético.
Pero como persona, Gibson es todo lo contrario a un tecnoautor. Después
de la gestación del ciberespacio era notoria su desconexión,
durante mucho tiempo ni siquiera tuvo correo electrónico. Y
ahora, después de la corta vida de una críptica página
que le hicieron unos amigos en www.idoru.com, es muy difícil
de ubicar en la Internet, aunque se sabe que anda por allí,
que tardíamente ha descubierto el potencial de los sitios de
subastas e incluso ha asumido algunas dosis de voyeurismo.
Pero además tiene sus propias teorías sobre este futuro
en pleno desarrollo: "la gente aún no entiende que la
Internet es transnacional, el ciberespacio no tiene fronteras y eso
me gusta, porque quedé harto del nacionalismo durante la guerra
de Vietnam".
U otras que rompen con el tecnicismo que suele asolar la 'ciberrevolución':
"el ser humano es lo más importante de la realidad virtual".
Parte de su tiempo también es dedicado a tratar de deshacerse
de la imagen de gurú o de gran sacerdote de la literatura ciberpunk,
como se denomina a un género de la ciencia ficción donde
el futuro es cercano y está inundado por la condición
human (aunque nadie tiene muy clara una definición).
Su situación quedó patéticamente ilustrada en
la miniserie "Palmeras Salvajes", en una escena en que los
personajes principales divisan a William Gibson en una reunión.
Y cuando uno se lo presenta a otro le recuerda que él inventó
el ciberespacio. La respuesta del autor: "y nunca dejarán
que me olvide de ello".
(FIN)
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