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La maja, desnuda
Durante la semana que estremeció la Internet se desataron todas las paranoias. Hay quienes piensan que las acciones de los hackers contra prominentes sitios web revelaron los flancos más débiles del promisorio cibermundo. Entretanto llovieron declaraciones políticas y económicas. Y los hackers de verdad, tienen sus propias sospechas.

Kevin Mitnick tenía apenas 15 días fuera de la prisión de Lomboc, cuando un ataque electrónico dejó fuera de combate durante tres horas al sitio web de Yahoo!, quizás el más potente del mundo. Tiempos de Internet, tiempos de hackers, como se denomina en inglés a los intrusos que circulan por las redes invadiendo territorios prohibidos. Piratas informáticos, traducen algunos, quizás con demasiada determinación.
Por supuesto, fue una casualidad: Mitnick, el más famoso de los hackers, está vigilado porque tiene prohibido acercarse a las computadoras, a programas de software y a celulares durante tres años. Una semana después de la irrupción en Yahoo! aún no existían pistas concretas, y los investigadores especulaban que la ola de ataques pudo haber sido tramada por una peligrosa organización, o por un grupo de quinceañeros.
Fue una semana interesante, porque cayeron uno tras otro varios pesos pesados de Internet, incluyendo nombres muy divulgados como Amazon.com o CNN.com. Y también algunos que manejan transacciones teóricamente delicadas, como la bursátil E-Trade o la cada vez más famosa vasa de subastas eBay, la gente compra y vende casi de todo.
Los webs fueron afectados por un DoS o "denial of service", que quiere decir "negación de servicios". Los webs dejan de responder cuando los intrusos, mediante el uso de programas especiales, logran colapsar la capacidad de los servidores.
Los DoS duraron apenas unas horas, ya que después de todo son sitios mantenidos por colosos ciberespaciales que cuentan con suficiente personal como para salir a defenderse. Pero aún así se asegura que los daños fueron millonarios. Hubo versiones periodísticas indicando que algunos sitios podían perder más de 100.000 dólares por hora, debido a la disminución de tráfico.
Esa estimación de pérdidas forma parte de esta nueva era, y las paranoias desatadas por estos DoS tienen el mismo signo. Y no es para menos, porque exponen la vulnerabilidad de una Red de redes que crece sin parar, impulsada por su potencial económico. El comercio electrónico está en la cresta de la ola, y millones de personas en todo el mundo hacen compras por la Red. Y por cierto, entregan su número de tarjeta de crédito.
Pero además, hay muchisima información confidencial o simplemente valiosa, aunque no sea comercial, que viaja a través de la Red o está almacenada allí.
La ola de ataques contra una Red con la cual coquetean todos provocó una declaración del presidente estadounidense Bill Clinton, quien propuso hacer una reunión de alto nivel para buscar soluciones a los problemas de seguridad en Internet. El FBI anunció una cacería de hackers, y el Departamento de Justicia garantizó que los culpables serían castigados.
Más allá de Estados Unidos también hubo problemas de "hackeo". El sitio del gobierno chileno resultó alterado por alguien que protestaba contra el aumento de la gasolina, mientras que el Real Madrid fue profanado por un vándalo del Barcelona. Y el hecho más grave lo denunció Realnames.com: un ataque proveniente de China capturó los números de decenas de miles de tarjetas de crédito.
La Televisión Española sugirió el 12 de febrero, al final de esa semana crítica, que "los piratas informáticos son el enemigo público número 1 en Estados Unidos".

Cacería.com
El misterio permanece. La verdad es que hay legiones de jóvenes, a veces demasiado jóvenes, interesados en un idealizado mundo de hackers que luchan por la libertad de navegación en Internet. O aún más complicado, de los "crackers" que usan la Red para lograr su cometido de tener libre acceso a los programas de computación. Los investigadores estadounidenses hicieron notar que hay miles de sitios de hackers en Internet. Y en muchos de ellos cualquier persona con ciertas habilidades para la informática puede obtener los programas necesarios para intervenir un servidor.
Pero esta aventura, delito o afición también involucra otras habilidades, como recurrir a servidores, cuentas y teléfonos de otros cuando se hace la intervención, con el fin de cubrir las huellas. Porque los cazadores en seguida revisan los registros de conexiones con el fin de seguir el rastro de los ilegales.
Eso fue lo que hizo Tsutomu Shimomura, un consultor informático con pinta de karateca que según la leyenda estaba en la playa cuando uno de sus aparatos inalámbricos le avisó sobre una intromisión en un servidor a su cargo. Su cacería recorrió todo Estados Unidos y al final terminó en la entrada de un edificio de departamentos desde donde llamó al FBI. En el departamento estaba Mitnick, quien terminó preso.
Además, hay una consecuencia económica. Mientras se desarrolla la cacería de hackers de comienzos de este 2000, las principales compañías de Internet consideran necesario invertir más en seguridad, lo cual en cierta forma implica contratar a otros hackers (o a sus empresas) para cuidar computadoras. Y un negocio insólito: contratar pólizas de elevado costo que cubren a los web contra pérdidas por "negación de servicios".
Pero el recorrido por esta historia estaría incompleto sin una pasada por la revista "2600", que desde hace muchos años representa a los hackers. "Los sentimos mucho por los sitios de comercio en Internet que han sido afectados, pero la verdad es que no podemos permitir que le echen la culpa a los hackers", dijo un comunicado de esta revista.
"Esta podría ser la obra de alguien que lo perdió todo en el comercio electrónico. O de los comunistas. O de las grandes corporaciones!", dijo "2600", que consideró cómodo y conveniente lidiar con un villano "invisible". Y si no, podrían ser los mismos que, tras la ola de ataques, quieren imponer mayores controles a Internet. Es decir, el FBI.

(FIN)

 

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