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Tiempos
modernos
Palabras clave: SIDA, John Le Carré, Africa, patentes, Brasil,
industria farmacéutica, 'Gran Farma', injusticia. En el resultado
los buscadores de Internet arrojan un retrato del futuro en que vivimos.
"La
noticia llegó hasta la oficina del Alto Comisionado británico
en Nairobi a las 9:30 de un lunes por la mañana", dice
en un comienzo de novela John Le Carré al principio de su último
libro, "The Constant Gardener" que, por cierto, es una novela.
El autor inglés presenta de inmediato detalles importantes:
Tessa, conocida por su activismo a favor de la salud de los pobres
en Africa, ha sido brutalmente asesinada.
El resto es, como de costumbre en sus novelas, intriga y espionaje
a cargo de personajes cuidadosamente elaborados. Sólo que años
después de la guerra fría el escritor recurre a un argumento
típico de este cambio de siglo, el de las maquinaciones de
las grandes empresas farmacéuticas y sus aliados.
Le Carré, cuyo verdadero nombre es David Cornwell, llevó
un poco más allá la investigación para su última
novela , y desarrolló una notoria molestia con el mundo
del 'Gran Farma' o 'Big Pharma', como se conoce en inglés al
club de las grandes farmacéuticas. Un apodo que genera gran
cantidad de material cuando uno lo usa como guía en el ciberespacio.
Y que recuerda sin dudas la capacidad totalitaria del 'Gran Hermano',
el vigilante omnipotente de otra novela, "1984" de George
Orwell.
El autor quiso reflejar la situación de tiempos modernos caracterizados
por depredaciones, profanaciones y descomposiciones. "Cuando
empezaba a buscar una historia que ilustrase este argumento para mi
última novela, me pareció que el ejemplo más
elocuente de todos estos crímenes del capitalismo salvaje me
lo ofrecía la industria farmacéutica", escribió
el experto en espionaje en un artículo
.
Cuando
habla del sector farmacéutico Le Carré se refiere a
"su enorme potencia -en parte llevada a la práctica- de
hacer el bien, y su lado más oscuro, alimentado por inmensas
cantidades de dinero, una hipocresía rampante, corrupción
y avaricia".
El tema tiene una relevancia feroz para el mundo actual, donde los
impactates avances científicos se combinan con inequidades
persistentes. A comienzos del siglo XXI uno de los problemas urticantes
enfrentados por la sociedad es el uso de la información genética,
de difícil acceso para investigadores del mundo en desarrollo,
entre otras cosas porque algunos progresos clave están protegidos
por patentes de dudosa moralidad.
Como se sabe, el Gran Farma identificado por Le Carré ya participa
en la competencia por el uso de la información genética.
Pero su figuración va un poco más allá: en Internet
con frecuencia encontramos ese término vinculado al del 'SIDA'.
El último reporte de Naciones Unidas sobre SIDA a fines del
2000 (http://www.unaids.org),
hablaba de 36,1 millones de personas contagiadas y 21,8 millones de
muertos. El año pasado hubo más de 5 millones de contagios
y 3 millones de decesos, la mayor cantidad registrada hasta ahora.
De acuerdo con cálculos ampliamente difundidos, 95 por ciento
de los contagiados viven en países en desarrollo, y 80 por
ciento en los países más pobres de Africa. Ni hablar
de recursos para pagar los 10.000 a 15.000 dólares anuales
en medicamentos antirretrovirales que han permitido reducir en forma
abrupta la mortalidad y los contagios madre-hijo en naciones industrializadas.
La palabra clave al llegar a este punto es Brasil. "Brasil ha
dado más importancia a la supervivencia de su pueblo que a
las quejas y protestas del 'Gran Farma'", escribió Le
Carré al recordar este caso, que a comienzos del 2001 es emblemático
en la lucha contra el SIDA.
El programa antisida de Brasil (http://www.aids.gov.br/)
combinó en forma intensiva las estrategias de prevención
de la enfermedad, en gran parte basadas en el uso educado del condón
que por allá tiene el alegre sobrenombre de 'camisinha', con
la producción propia de medicamentos antirrretrovirales. Es
decir, medicamentos genéricos, en este caso para combatir los
efectos del SIDA.
Aunque aún no hay una cura para el SIDA, en muchos casos el
cóctel de antirretrovirales permite transformar al sindrome
de causa de muerte en enfermedad crónica. Después que
los precios de los medicamentos bajaran en 70 por ciento, el gobierno
brasileño asumió el costo de atender 95.000 pacientes,
en lo que en el sitio web del programa antisida se califica como estrategia
de 'acceso universal'.
Brasil no está solo, también India y Tailandia comenzaron
a producir genéricos, y otras naciones en desarrollo estudian
la posibilidad de importar medicamentos desde estos países.
Todo lo cual perturba a representantes del Gran Farma, según
los cuales se están violando en forma descarada derechos de
propiedad intelectual protegidos por patentes y por acuerdos de la
Organización Mundial de Comercio. También cuestionan
la calidad de los genéricos y advierten que pueden ser peligrosos.
Además aseguran que necesitan ganar esa plata para invertir
en investigación. Le Carré plantea que invierten más
en márketing, y que muchos remedios fueron investigados inicialmente
por organismos públicos.
Pese a la gravedad del SIDA, los organismos internacionales han reaccionado
en forma tibia frente a las iniciativas de remedios genéricos.
Y ni qué decir de gobiernos industrializados... Estados Unidos
flexibilizó su defensa de patentes al fin del gobierno de Clinton
en el caso de Africa subsahariana, pero Le Carré recuerda que
empresas del Gran Farma fueron contribuyentes importantes de la campaña
de su sucesor, George Bush.
Activistas antisida aseguran, además, que las promesas de empresas
de bajar sus precios no se han cumplido.
Un mundo moderno. Y en constante evolución, porque después
del SIDA habrá nuevas enfermedades y nuevas patentes. Hay quienes
dicen que la estación espacial MIR traía una bacteria
mutante.
Fin
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