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Mensajes
del fantasma
Una de las personas más preocupadas por el destino de la sociedad
ciberespacial ni siquiera existe: es producto de una era donde el anonimato
es casi una cualidad.
Una tarde
cualquiera un ser inexistente, Luther Blissett, puede comenzar a mandarte
mensajes de correo electrónico, argumentando que es imposible
bloquear los ecos provenientes de la 'otredad', de ese mundo inconcluso
y vertiginoso, en plena gestación al otro lado de nuestros
monitores: nuestro 'más allá' moderno. Internet.
Pero a diferencia de otros mensajes en cadena, los de este Blissett
tienen, al menos por algún tiempo, un interés especial.
En primer lugar porque casi todos están relacionados con las
visiones pesimistas de Paul Virilio sobre el advenimiento de la era
de la información en una sociedad desinformada. Pero también
porque sabemos que la identidad de nuestro remitente es como un virus
del ciberespacio.
Una vieja caricatura de Internet (vieja son cinco años) muestra
a un perro frente al monitor de una computadora explicando que 'en
la Red nadie sabe que eres un perro'. Esta verdad fascina a estudiosos
del comportamiento humano, quienes coquetean con teorías sobre
identidades asumidas, sobre otros 'yo' que aparecen en grupos de discusión
y de conversación.
La identidad se convierte en tiempos de Internet en algo descentrado
y múltiple, Sherry Turkle, quien estudia este fenómeno
desde los 80. Con el pasar del tiempo, para algunas de estas personas
la vida real es apenas una pantalla más, ha dicho esta estudiosa,
que en su libro 'Life on the screen' siguió algunos casos de
identidades asumidas, y que ha revisado con interés casos de
robots de software que se hacen pasar por humanos.
Esta nueva tendencia alcanza su punto máximo en los 'mundos'
de realidad virtual en tercera dimensión, que se propagan a
medida que crece el ancho de banda para las transmisiones de Internet.
En esos 'mundos' representados gráficamente los habitantes
no sólo asumen un nombre ficticio, sino también una
apariencia. La novela 'Snow Crash' de Neal Stephenson, considerada
un hito de la literatura 'ciberpunk' que lidia con la irrupción
de tecnología en un futuro posible, contribuyó a identificar
estas representaciones con una palabra de uso oficial en la Red: 'avatar'.
El caso de Luther Blissett es el de una identidad asumida, de una
personalidad en la vanguardia de las discusiones en torno al impacto
de Internet, al futuro de las redes y al destino de nuestras sociedades.
Ha escrito varios libros y participa en foros, pero no se sabe quién
es. Y cada vez se sabe menos, porque esa identidad también
es asumida por gente que no tuvo nada que ver con su creación,
y entonces se esparce como una idea, o como un virus.
Las primeras noticias sobre el nacimiento de Blissett circularon a
mediados de los 90'. Una revista de Italia, donde comenzó este
'proyecto', anunciaba la aparición de 'un fantasma in rete'.
Pero no era sólo una presencia vaga, sino un autor que en ese
momento ya tenía una obra: 'net.gener@tion'.
'Desde hoy son libres', proclamab este libro de Osar Mondadori editores.
'Yo soy uno de ustedes. Es más, yo soy ustedes', advertía
Blissett al presentarse en forma un tanto turbia.
El libro fue uno de los primeros manifiestos sobre el impacto de la
Red de redes, y en un tono positivista auguraba 'libertad' desde el
ciberespacio. La primera de esas libertades era la de la identidad,
y calificaba el nombre de Luther Blissett como 'nombre colectivo'.
'En la práctica, es un nombre que cualquiera puede utilizar',
advertían. 'Yo me llamo Luther, y que soy, ¿hombre o
mujer?', desafiaban. 'Existo pero no soy', aseguraban. Y para culminar
una predicción: en el futuro habría muchos Blissett
más. Todo enmarcado en el fenómeno de Internet.
Con el tiempo hubo debates, libros y escándalos relacionados
con el nombre Blissett, principalmente en Italia. El fenómeno
fue atribuido un colectivo que produce ideas, y que pretende desafiar
con esas ideas. Por supuesto, la identidad de este fantasma de Internet
produce todo tipo de hipótesis.
Una de las más repetidas es que se trata de un proyecto liderado
por Umberto Eco, y para demostrarlo se trazan todo tipo de paralelismos
entre las obsesiones de Eco y las de Blissett. También se ha
sugerido que el proyecto fue amasado por un grupo de intelectuales
italianos, desafiantes del advenimiento ciberespacial.
Parte del misterio quedó develado hace unos meses con la aparición
de 'Q', un grueso volumen calificado como 'obra maestra' por algunos
críticos, que contiene una historia ambientada en el medioevo
europeo. Está firmada por Luther Blissett y determinó
la revelación de los nombres de cuatro participantes del proyecto
original. Federico Guglielmi, Fabrizio Belletati, Luca di Meo y Giovanni
Cattabriga realizaron un minucioso trabajo para lograr un producto
tan complejo como 'Q'. Y luego, simplemente aparecieron en sociedad,
comenzaron a ser ellos mismos.
Pero la leyenda no termina: todo lo contrario, pica y se extiende.
Porque ya hay otros Luther Blissett. Y el que envía los textos
sobre ciberespacio y sociedad aparentemente no tiene nada que ver
con los italianos. Sus textos suelen ser petulantes pues advierte
que 'éste mensaje frente a ti demuestra que tu correo-e no
es un lugar privado'. Aunque agrega que 'Luther Blissett no vende
nada, sólo comparte reflexiones'.
Bloquear los correos de Blissett es fácil, basta instruir al
programa de correo con palabras clave para los filtros. Incluso hay
una manera de desuscribirse incorporada en el mensaje, que debería
funcionar. Pero durante unos días lo dejamos llegar con mensajes
de otro mundo: la velocidad de las cosas amenaza a la humanidad.
Quien manda estos textos es Blissett, pero también es otro.
Y claro, viene de la 'otredad'.
Nota:
en la próxima entrega comentaremos la teoría de la 'bomba
electrónica' de Paul Virilio, en base a textos diseminados
por Blissett.
Fin
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