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La Bomba electrónica
Si de repente tu casilla de email se inunda con textos de Paul Virilio enviados por una mano invisible, puedes llegar a creer que el futuro es explosivo. Y todo por culpa del presente.

"Cuando las máquinas empiezan a convertirse en ídolos la catástrofe social no está muy lejos". Este tipo de frases suelen brotar de los labios del pensador francés Paul Virilio, quien tras la publicación de su libro 'Cibermundo' y de una serie de artículos y entrevistas posteriores se ha convertido en el crítico más importante del tipo de impacto social que puede provocar Internet.
El tema de las reflexiones de Virilio es el de la velocidad, aplicada a diversos niveles de las relaciones humanas. Y su visión surge como una necesidad en medio de los innumerables espejismos que acompañan el advenimiento de la Red de redes, aunque también es cierto que en su afán de crítica bordea una frontera peligrosa: a veces habla como si Internet fuera producto de una conspiración, aunque está desencadenada.
Sus críticas también tienen otro inconveniente: ya que el fenómeno se desató, sería necesario ir más allá de las simples advertencias sobre los peligros de los nuevos tiempos para sugerir vías de reacción, porque nadie va a desenchufar el ciberespacio.
Virilio fue comentado antes en esta columna, pero retornamos a su ideario después que un ente disfrazado por el seudónimo de 'Luther Blissett' (ver Primicia anterior) nos bombardeó durante algunos días con algunos textos plagados de frases de este pensador francés: "junto al levantamiento de las superautopistas estamos enfrentándonos a un nuevo fenómeno, el de la pérdida de orientación".
En una de sus aproximaciones más conocidas al tema, Virilio invoca a Albert Einstein, quien habría predicho dos bombas más después de la atómica que en aquel momento había sacudido al mundo. Virilio identifica la bomba electrónica con la información y la demográfica con la genética.
Es la segunda bomba la que le preocupa ahora, "una bomba por la cual la integración del tiempo real será a la información lo que la radioactividad es a la energía atómica. La desintegración no afectará solamente a las partículas de materia, sino también a la gente que compone nuestras sociedades".
Internet tiene el potencial de generar una nueva Babel, asegura, y en eso radica gran parte de su potencial destructivo. "Ninguna información existe sin desinformación", "algo está flotando entre nosotros que parece un ciberculto", "la sensación de estrechez del mundo se hará rápidamente insoportable", "desde ahora el ojo de dios está por doquier... la televigilancia", dice en otras oportunidades.
¿Un negativo a secas? ¿un paranóico disfrazado de filósofo? A veces sus frases son tan determinantes que en realidad bordean la paranoia, pero él mismo advierte que no está en contra de las tecnologías. "Lo que digo es, paremos de idealizar y de mitificar los objetos técnicos".
Según Virilio en medio del optimismo informático era necesario asumir una postura crítica que expusiera los peligros del fenómeno en sociedades compuestas por individuos sometidos a un cambio de perspectiva. Y él decidió hacerlo porque "soy un resistente".
No es una situación fácil en medio de una sociedad que prefiere el espejismo, pero tiene la virtud, no muy frecuente, de provocar una reflexión en sus interlocutores: entonces, ¿es posible que la llegada de Internet a mi vida no sea tan buena como me habían dicho?
Lo malo, es que resulta complicado hacer evaluaciones a priori. En especial sobre fenómenos que han sido comparados con la revolución industrial o la aparición de la imprenta, porque el lado malo nunca está ausente, y porque su incorporación plena a las sociedades es más lenta de lo que se esperaba. En el proceso abundan las injusticias (a veces, incluso se perpetúan), las incomprensiones y las contradicciones: pareciera que, en verdad, la sociedad nunca está preparada para este tipo de cambios.
Virilio explica en abstracto lo que podría suceder: "El ciberespacio es una nueva forma de perspectiva. No coincide con la perspectiva audiovisual que ya conocemos, es completamente nueva, libre de cualquier referencia previa. Es táctil...
"Ver a distancia, oir a distancia, esa era la esencia de la antigua perspectiva audiovisual. Pero tocar a distancia, sentir a distancia, esto equivale a un cambio de perspectiva hacia un dominio que todavía no se abarca, el del contacto, el del contacto a distancia, el del telecontacto".
El peligro verdadero de la introducción de esta nueva tecnología estaría radicado en la velocidad, insiste Virilio. "No es la información la amenaza sino la instantaneidad y la inmediatez que llamamos interactividad", que en su opinión tienen un efecto desintegrador. En sus textos predice un desarreglo sistemático, de la política, de la economía, de las relaciones.
Y considera necesario instaurar una nueva ciencia, la "dromología", "una disciplina que se interese en los estragos ocasionados por la velocidad".
"Debemos luchar contra la negatividad de las nuevas tecnologías", asegura en la última entrevista enviada por el anónimo Blissett justo antes de redactar esta nota. Allí dice cosas interesantes: "Yo no creo del todo en lo que llamo democracia automática, creo en la reflexión, pero no en el reflejo".
Pero también habla de otras cosas. "Inventar algo es inventar un accidente. Inventar el barco es crear el hundimiento; el transbordador espacial, la explosión. El inventar la autopista de la información o el Internet crea un mayor riesgo que no se señala fácilmente porque no produce mortalidad como el hundimiento de un barco o una explosión en el cielo. El accidente de la información es... inmaterial como las ondas que llevan la información".
Más allá del pesimismo, además, es verdad que la reflexión es importante. Porque con o sin Paul Virilio, Internet ya existe.

Fin

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