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El comienzo del futuro
Desde hace cinco años Internet desafía la realidad. Durante el año 2000 volvió a ocurrir, y algunas cosas nunca serán como antes. Pero... después de todo estamos en el futuro... ¿o no?

La fascinación por el año 2000 vino y se fue. Entretanto no hubo apocalipsis, ni siquiera colapso informático, no avanzamos demasiado en la conquista del espacio exterior, y muchas profecías aparentemente no fueron cumplidas. Y sin embargo era el comienzo del futuro, según esa mezcla rara de augurios, expectativas, ciencia ficción, predicciones y lugares comunes.
Entonces, ¿sucedió algo de eso? Todo parece cubierto por un desilusionante manto de normalidad, a menos que uno se esfuerce por buscar señales en los recodos de los diarios: algunos países no firman un tratado contra el calentamiento del planeta mientras los polos y las nieves eternas se derriten, los pedazos de satélites desechados por una fracasada empresa de telecomunicaciones podrían caer encima de uno de cada 270 humanos según informes secretos, una gigantesca base espacial comenzó a ser construida pero nadie parece seguro de su utilidad salvo las bacterias que ya se instalaron allí, y ciertas empresas proponen poner un cabello en las tarjetas de presentación (o una gota de sangre) por eso de dejar aclarado el código genético.
Bueno, todo esto no deja de ser futurista. Aunque también es verdad que la película 'bomba' de comienzos del próximo año sera 'Odisea del Espacio 2001', una producción de 1968-69 que regresa 'remasterizada' para la época digital. Eso sí, sus escenas nos parecerán ahora igual de lejanas que entonces. Lo único seguro es que la Pan Am, que en la película opera las naves espaciales, en este futuro en realidad no existe.
Sin embargo hay un espacio donde el futuro si avanza a gran velocidad. Es ese lugar intangible que conocemos como ciberespacio, una Internet que apareció hace apenas unos cinco años en la frontera de nuestro entendimiento. Una nueva dimensión que apenas comienza a desarrollarse, donde casi todo parece estar cargado por la fantasía de otrora.
La Internet no formaba parte de las predicciones futuristas, su explosión fue sorpresiva para muchas personas, para muchísimas empresas. Los únicos que digirieron el tema con naturalidad fueron los académicos del mundos industrializado, que usaban email desde hace unos años, y algunos otros iluminados (a media luz) que soñaban con los primeros ensayos de transmisión de periódicos vía satélite.
Desde 1994, cuando salió el primer navegador comercial de Internet, Netscape, el panorama comenzó a cambiar. Y los últimos cinco años, aunque escasos dentro de la historia de la humanidad, han sido vertiginosos. Según algunos estudiosos asistimos al 'big bang' de la era de la información.
Dentro de ese contexto el 2000 fue un año típico dentro de Internet, es decir plagado de retos, de cambios profundos, de situaciones que provocan la desaparición y la aparición de paradigmas.
El acontecimiento más interesante que se produjo al interior de Internet estuvo relacionado con los juicios, acuerdos, desacuerdos relacionados con el intercambio de archivos MP3, que permiten reproducir con alta fidelidad la música transmitida vía Internet. Aún no hay resultados definitivos, pero ya está cuestionado un sistema con raíces centenarias.
La proliferación de sitios web dedicados a la música en MP3 y los millones y millones de personas que los utilizan a diario, cuestionan la viabilidad de un sistema de derechos de autor pensado para otra realidad. Al mismo tiempo el intercambio gratuito o casi gratuito de esos archivos desafía las nociones habituales sobre el comercio basado en una mera compra y venta de productos. El enigma continúa: ¿qué saldrá de todo ese caldo de cultivo? Es un proceso en pleno desarrollo.
Otro tema interesante estuvo relacionado con el aumento de ofertas de conexión a alta velocidad. En el 2000 la demanda por este tipo de servicios explotó, y las compañías telefónicas de muchos países ya están en condiciones de ofrecerlos a precios muy competitivos. La necesidad, creada por Internet, de tener cada vez mayores velocidades, fue el factor determinante para producir este desarrollo.
Al interior de la misma Internet, en el 2000 se gestó un importante cambio tecnológico que será impulsado por la incorporación de nuevos 'nombres de dominio', un factor que facilitará el poblamiento de las redes. Y en el campo de la economía, el aspecto con mayor repercusión resultó ser el del fracaso de numerosas empresas '.com'.
En realidad, este fue el tema que acaparó mayor cantidad de titulares. Pero no indica el fracaso de un modelo conocido como 'nueva economía', sino simplemente un ajuste, que podría determinar en un futuro próximo nuevos 'boom' ciberespaciales. Y qué duda cabe, vendrán además nuevas depresiones.
Estos son algunos de los elementos más visibles de la Internet de este cósmico año 2000. Pero lo más importante es lo que viene por detrás de todos estos avances: quizás, un futuro mucho más cercano a lo que imaginábamos.
Los nuevos modelos de negocios y de propiedad intelectual, la banda ancha, las soluciones técnicas y políticas para permitir el crecimiento de Internet, harán su aporte para la gestación de una red mayor, que servirá de plataforma para todos los otros medios de comunicación. En las entrañas del sistema ya comienzan a florecer los mundos tridimensionales, los emisores de videos o de programas de TV, los nuevos mecanismos de interacción, las neveras inteligentes, los robots. Es la ola que viene, es la odisea del ciberespacio en el 2001.
Pero también es cierto que los desafíos más grandes generados por la aparición de Internet siguen anclados en el pasado. Y cada vez se hablará más de esto: existe el peligro de la desigualdad digital, de un mundo dividido entre quienes acceden a Internet y quienes se quedan afuera. Las consecuencias de este novedoso tipo de inequidad son imprevisibles. Y ahora, también forman parte del futuro.

Fin

 

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