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Secretos
en reunión
La encriptación de mensajes será cada vez más
común en una Internet superpoblada. Su aplicación es
resultado de una historia de alianzas y conspiraciones reflejadas
en una larga batalla ciberespacial.
A veces
cuando los combates arrecian surgen alianzas inusuales. Y eso fue
precisamente lo que sucedió en la trastienda de Internet durante
los años 90: desgarbados defensores de las libertades individuales
fueron vistos enarbolando las mismas consignas de grandes y encorbatadas
corporaciones, en defensa del uso de la encriptación.
La confidencialidad de los mensajes secretos no es nada nuevo en la
historia de esta civilización humana. Los códigos de
encriptación, las contraseñas, los lenguajes secretos...
son utilizados desde la antigüedad, pero nunca antes habían
tenido tanta relevancia.
Hay quienes sugieren que el futuro de Internet depende de la posibilidad
de masificar una práctica elevada, la de la criptografía,
favorita de conspiradores y agentes secretos, una ciencia que se desarrolla
en las sombras. "Es un mundo secreto donde el éxito, para
ser permanente, debe mantenerse oculto", argumentan en el National
Cryptologic Museum (www.nsa.gov/museum/), que pertenece a una de las
entidades más siniestras del mundo, la Agencia de Seguridad
Nacional (NSA) estadounidense.
Pero las pasiones provocadas por los sistemas de encriptación,
que tuvieron un momento culminante durante la Segunda Guerra Mundial
y que florecieron durante la Guerra Fría, sólo son superadas
por las de los militantes de la desencriptación, mentes brillantes
dedicadas a 'romper' códigos.
"El ingenio humano no es capaz de confeccionar una clave que
no pueda ser resuelta por el ingenio humano", sugirió
alguna vez el escritor Edgar Allan Poe. Esa confrontación entre
encriptadores y desencriptadores también existe en el ciberespacio,
donde estos últimos son conocidos como 'cypherpunks' o 'crackers'.
Los dos bandos usan poderosas computadoras, y refinadas tecnologías.
Ya no es como antes, ya no ocultan la clave entre las páginas
de una novela romántica: ahora son combinaciones de bit, que
es definido como 'el átomo de la información'.
Sin embargo la dinámica de esta confrontación en Internet
no está limitada a encriptadores y desencriptadores. En este
momento enfrenta principalmente a los protectores de la confidencialidad
y a quienes rehúsan perder el control, agencias como la NSA
y por supuesto, sus gobiernos.
A comienzos del 2001 fue anunciada la publicación de un libro
que registra gran parte de estas contiendas, llamado simplemente "Crypto".
Su autor es el periodista Steven Levy, un veterano de la cobertura
de Internet que ahora colabora asiduamente con la revista Newsweek,
donde hace poco la reseña del libro fue tema de portada (www.msnbc.com/news/511696.asp).
Levy inicia su historia a fines de los 60 y comienzos de los 70, cuando
daba sus primeros pasos el sistema de redes que después evolucionaría
hasta convertirse en Internet. Al mismo tiempo un grupo de matemáticos,
que habían estado en contacto con la la criptografía,
trataban de encontrar un mecanismo con el cual sería más
fácil proteger la intimidad de cualquier persona, no sólo
de los clandestinos. Y hacerlo de forma más eficiente.
Hasta entonces esta ciencia estaba basada en la existencia de dos
'claves' o 'llaves' para encriptar y desencriptar el código.
Ambas eran iguales, y estaban en posesión de quien enviaba
el mensaje y de quien debía leerlo. No importa cual fuera el
mecanismo (une referencia literaria, un reemplazo aleatorio de letras),
la clave siempre indicaba cómo desentrañar el mensaje.
Uno de los problemas de este mecanismo es que al existir dos claves
era inseguro. La fórmula para romper este esquema la encontró
Whit Diffie, retratado por el libro como una especie de vikingo dotado
para las matemáticas y las ideas, quien a principios de los
70 tuvo una visión: era posible usar una llave pública
para hacer la encriptación, que sólo podría ser
desencriptada con una llave privada.
Con evoluciones y variaciones, ese es el sistema utilizado en la Internet
actual. Se usa un código público (en el sentido que
no es secreto) para enredar el contenido de un mensaje, y este sólo
puede ser descifrado con la llave privada que posee el receptor. En
sentido inverso, la llave privada sirve para encriptar mensajes que
pueden ser descifrados con llave pública, cuyo resultado es
una 'firma digital', comprueba la identidad del remitente.
En Internet las aplicaciones de la encriptación son inmensas:
el futuro de casi todas las transacciones de negocios depende de la
confidencialidad. Pero hay muchos clientes para este tipo de aplicaciones:
servidores de bases de datos, consultas médicas, o simples
mortales que aman el secreto.
Pero su incorporación a la vida real ha demorado. Y una de
las razones principales fue que el gobierno de Estados Unidos hizo
todo lo posible para restringir su uso, incluso sugiriendo que los
mensajes podrían encriptarse sólo si sus esbirros conocían
la llave privada. Y luego prohibió la exportación de
códigos 'fuertes' (mientras más bits, más difícil
de descifrar). La encriptación de mensajes era considerada
como una munición militar. Todo eso generó peleas judiciales,
audiencias parlamentarias, demandas civiles y comerciales.
La aparición de 'Crypto' con la historia del desarrollo de
la encriptación en el mundo moderno coincidió con la
liberalización de algunas restricciones: ahora EE.UU. puede
exportar código más fuerte. Sin embargo las tormentas
generadas por la codificación de mensajes seguirán agitando
las aguas ciberespaciales.
Las empresas lanzarán fuertes campañas para captar adeptos
a la criptografía, las paranoias públicas aumentarán
ante la evidencia de sistemas como 'Echelon' o 'Carnívoro'
que pueden interceptar mensajes y leerlos si no están codificados,
y los desencriptadores seguirán progresando y cada vez podrán
romper códigos más fuertes.
Según las leyes de la naturaleza de un nuevo mundo...
Fin
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