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Tiempos veloces
El desarrollo de la cultura de Internet genera una generalizada avidez por las conexiones de alta velocidad. Y esa demanda impulsa una industria de ‘banda ancha’ que tiene sus ojos puestos en el futuro.

La sensación es imperante: la realidad ahora es más veloz. Esta época, que es el futuro de otra no tan lejana en el pasado, se caracteriza por el acceso cada vez más rápido a servicios, al consumo. Y principalmente a la información, que como concepto moderno abarca casi todo, desde una esperanza hasta un sabor.
Apenas comenzó la reflexión sobre los efectos que el anhelo de la velocidad produce en nuestras vidas. Pero esas meditaciones aumentan bajo el influjo de Internet, la Red de redes de computación que convierte a sus ‘navegantes’ en personas ansiosas, a veces exasperadas por una diferencia de segundos en la ‘bajada’ de información hacia los monitores de sus computadoras.
De esa forma llegó hasta el vocabulario del ciberespacio el término ‘banda ancha’, relacionado con la calidad de la conexión a Internet, lo cual a su vez tiene que ver con el instrumento de conexión (el más común hasta ahora ha sido el módem), la naturaleza de las líneas (telefónicas u otras), los enlaces de nuestros proveedores con los principales nodos de conexión al universo de las redes, o al buen desempeño de las ‘troncales’ que conducen el grueso del tráfico.
Todo comienza por el bit, la unidad básica de la información, comparado a menudo con el átomo de la materia. Mientras más bits pasen a través de una conexión, mejor.
En el pasado de Internet, digamos en los 80 y comienzos de los 90, los módem llegaban a velocidades de poco más de 2 kilobits por segundo (kbps, 1.000 bits), a lo más 9,6 kbps. Cuando explotaba la Red de redes hacia mediados de los años 90, la vanguardia era 14,4 kbps, con el tiempo el mercado fue adoptado por el de 28,8 kbps, luego 33 kbps, y luego llegamos a los 56 kbps, capacidad que tienen los módem de gran parte de los computadores destinados a usuarios en este momento. Pero no es suficiente.
Las velocidades de nuestro futuro próximo van más allá. Las telefónicas ya proponen líneas digitales de 64 o 128 kbps (conocidas como ISDN en inglés o RDSI en español, o con algún apodo 'marketero' según el país) que permiten navegar y utilizar el teléfono en forma simultánea. O si no compiten con los srvicios de Digital Subscriber Line (DSL), que pueden ser simétricos o asimétricos, cuya tecnología permite incluso manipular las redes telefónicas para alcanzar velocidades impensbles hace algunos años.
Y las empresas de conexión de TV cable ya hacen su propia apuesta: televisión, teléfono e Internet por una misma conexión...
Los precios de estos servicios son cada vez más accesibles, porque la competencia entre proveedores de conexión tiene a agudizarse: algunas compañías ya sugieren entrar en el mundo de los mega (mbps) que son mil kilos, mientras las grandes empresas hablan de ‘giga’, y los futuristas del negocio sueñan con los ‘tera’, cuyas dimensiones pueden ser graficadas agregando tres ceros cada vez que aumenta la categoría.
La presión por la banda ancha aumenta en la medida en que se multiplican las dimensiones del uso de Internet. Además del crecimiento natural en la conectividad a la Red, el futuro contempla la explosión sonora y gráfica en el uso de esas conexiones, lo cual consume más bits. Algunas aplicaciones que se usan ahora en forma rudimentaria, como la telefonía en red o la transmisión de video, deberían fluir con naturalidad en los próximos años. La distribución de películas o la emisión de una nueva generación de programas de televisión vía Internet, forman parte de una frontera comentada con frecuencia.
En el caso de las empresas las necesidades están más relacionadas con la realidad que con las visiones. La dinámica de algunas compañías impone conexiones permanentes a la Red para sustentar un elevado tráfico de información.
Estos son algunos factores que guían el desarrollo del sector de las telecomunicaciones. Muchas empresas ya no tienen en mente la telefonía sino la ‘’transmisión de datos’’. La presión proveniente del mundo de Internet se ha dejado sentir en los últimos años a través de gruesas inversiones en redes de fibra óptica, proyectos satelitales de gran envergadura y en el desarrollo de nuevas tecnologías. Esto se refleja tanto en las conexiones como en la evolución de los microprocesadores o ‘chips’ de computación, otro sector influenciado por el anhelo de la velocidad.
Las empresas de telecomunicaciones, estimuladas por los procesos de apertura, son protagonistas de una competencia intensa por conquistar a los clientes más obvios para la banda ancha. Y esa competencia agita un mercado caracterizado por grandes campañas publicitarias que no dejan duda sobre los intereses en juego. Es un sector de la economía que está en constante ebullición en estos tiempos.
¿Hacia dónde nos conduce el futuro? En materia de conexiones el futuro más previsible apunta hacia un uso más intensivo de las redes de fibra óptica, que ya son abundantes, y su llegada prácticamente hasta la puerta de las casas o escuelas, meta de algunos países desarrollados. Allí ya es común que empresas e incluso individuos hiperconectados tentan acceso a líneas digitales de alta capacidad que los enchufan directamente a los anillis de fibra, por un precio accesible.
Otros prevén la explosión de las conexiones inalámbricas, que ya forman parte de la oferta de banda ancha experimental en algunos países. Y en el futuro, llegarán los satélites de baja altura. Teledesic, que espera poner 288 ‘pájaros’ en orbita, asegura que a comienzos del siglo XXI podrá ofrecer velocidades de 2 mega en cualquier lugar de este redondo planeta.

 

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