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Onda expansiva
Las explosiones que alteraron la realidad impactaron también al ciberespacio. En plena era digital la tecnología fue desafiada, mientras las entrañas de las redes informáticas hervían con una sobredosis de información.

Nunca olvidaremos la imagen transmitida en vivo el 11 de septiembre de 2001, la del avión de pasajeros que aparecía como una sombra y se incrustaba en el segundo rascacielos. El horror, la realidad dividida en un antes y un después: lo que al principio parecía un accidente en la primera torre humeante, era obviamente un atentado terrorista.
Y un acontecimiento mediático sin precedentes. ¿Acaso los perpetradores calcularon la transmisión en vivo de ese segundo impacto y la seguidilla de extras anunciando la destrucción? El plan, mirado así, parece aún más perverso.
La onda expansiva de las explosiones afectó instantáneamente la vida de los humanos, con consecuencias difíciles de predecir. Al mismo tiempo estremeció el centro neurálgico de la era digital, una red de redes de información llamada Internet.
El primer impacto es casi anecdótico: miles de millones de mensajes de correo electrónico y toneladas de internautas desesperados por tener información, una desesperación muy propia de estos tiempos, colapsaron las líneas y durante algunas horas parecía que había ocurrido lo impensable: Internet, que según la leyenda había sido concebida para seguir funcionando aún después de un ataque nuclear, era vulnerable.
Esta crisis provocada por los humanos tal vez generará nuevos aires para la industria de la banda ancha, que algunos analistas consideraban tambaleante por una presunta sobreoferta de fibra óptica.
Pero habrá otras consecuencias para las redes. Una de ellas se produjo tres días después del atentado, cuando congresistas estadounidenses aprobaron en forma rauda un cuestionado proyecto presentado por el FBI para realizar 'escuchas electrónicas'. El proyecto tiene un nombre: 'Carnivore'.
La aprobación de este Carnívoro ocurrió en medio de las confusiones después del atentado, de la búsqueda desesperada de pistas para encontrar a los culpables, de paranoias y de una guerra declarada sin haber identificado claramente un enemigo. Pero, ¿habría servido para algo tener una 'escucha electrónica'?
En medio de la torrencial lluvia de comentaristas convocados por televisoras y diarios para analizar el acto terrorista unos cuantos hicieron notar que el sistema de vigilancia de la información mantenido por países angloparlantes, la misteriosamente célebre red Echelon, había fallado.
Pero, ¿qué pasa cuando un atentado se planifica sin usar Internet y sin recurrir a altas tecnologías? Los detalles del ataque fueron escalofriantes: utilizaron algún tipo de cuchilla para secuestrar y controlar los aviones, que luego usaron como misiles.
Después del atentado, también se espera que los parlamentarios en Washington endurezcan su posición frente a la distribución de sistemas de encriptación. EE.UU. restringe la venta de sistemas de cifrado muy complejos, pues los considera como municiones.
Los partidarios de liberar el mundo de la criptología argumentan que estos sistemas son necesarios para permitir una explosión de las relaciones económicas en Internet, y aseguran que si bien EE.UU. no permite su venta fuera de su territorio, fabricantes de otros países los distribuyen con libertad y copan el mercado. Quienes desean restringirlo sugieren que estos sistemas podrían ser utilizados con fines ilícitos. Por ejemplo, el terrorismo.
Las discusiones sobre estos temas continuarán durante mucho tiempo, ahora a la sombra de los atentados. La revista especializada en la era digital Wired sugirió poco después de las explosiones, que una de sus consecuencias podría ser la restricción de las libertades civiles.
Entretanto, la Red no cesó de ser afectada por una marejada. Sitios como los de CNN y Yahoo! montaron inéditos operativos periodísticos que permitían seguir paso a paso el desarrollo de los acontecimientos. Todo esto provisto por toneladas de enlaces hacia páginas web donde podía conseguirse información adicional, desde las listas de víctimas hasta perfiles de los sospechosos.
Algunos sitios porno mandaron mensajes invitando a los usuarios a navegar en zonas 'liberadas de terroristas', y hubo visionarios que no perdieron tiempo: el dominio de Internet worldtradecenterattack.com, comprado en 15 dólares, fue vendido poco después por encima de los 10.000, según informaron agencias noticiosas.
Por supuesto, gran parte del debate mundial se trasladó a una Internet que no existía como tal durante la Guerra del Golfo. Las salas de conversación (chats) fueron escenarios de encendidos debates. Y como viene sucediendo desde hace un tiempo, la Red puso en parrilla lo mejor y lo peor de nosotros mismos.
Mientras en algunos sectores se inflamaban la xenofobia y el odio, por el otro circulaban análisis de gran ponderación sobre los tiempos que están por venir y sobre un mundo que conocía el horror desde mucho antes que el 11 de septiembre de 2001.
¿Viene la guerra? En una encuesta realizada en el sitio web de CNN este 14 de septiembre casi 400.000 personas, equivalente a aproximadamente 80 por ciento de quienes respondieron la consulta, estaban de acuerdo con bombardear Kabul, que como sabemos es una capital llena de civiles.
Todo esto hace sonar en nuestros oídos la canción más apocalíptica que entonara hace ya décadas el fallecido Jim Morrison: 'este es el fin, ¿qué viene ahora?'.

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