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Los
nuevos nombres
Durante las últimas
semanas del año 2001 la geografía de Internet debe comenzar
a registrar una mutación. En forma paulatina nos iremos acostumbrando
a las direcciones terminadas en '.info' y '.biz', la avanzada de una
nueva generación de dominios ciberespaciales.
La súbita
explosión de conectividad a Internet desde fines del siglo
pasado generó un problema cuya sola mención evoca el
futuro: una congestión ciberespacial. Y este desorden fue diagnósticado
justo en las entrañas de la Red de redes, donde hay un órgano
vital: el sistema de nombres de dominio.
El problema fue diagnósticado con anticipación pero
eso no evitó sus efectos secundarios. De hecho, dio origen
a una verdadera batalla ciberespacial cuyo desenlace aún no
es previsible, y que tiene como telón de fondo el ejercicio
del poder en Internet.
Desde el mes de octubre de 2001 el escenario de esa conflagración
es adornado por la aparición de una nueva generación
de nombres de dominio en Internet, aquellos terminados en '.info'
y en '.biz'. Será un cambio importante: implicará el
comienzo del fin del '.com', un puntocom que trasciende los idiomas
y que ha sido utilizado para definir una economía e incluso
una revolución.
La aparición de los nuevos nombres es la solución más
obvia al problema que aqueja el funcionamiento de Internet. Había
una escasez de 'dominios', entonces era necesario crear nuevas alternativas
para albergar a la población ciberespacial, la de más
rápido crecimiento en esta convulsionada era.
Más de 20 millones de empresas y personas registraron nombres
'.com' lo que significó una saturación del sistema y
la proliferación de problemas relacionados con las marcas registradas,
los derechos invocados por las personas, la especulación en
tiempos de escasez, el tráfico de dominios.
Casi todos los nombres de dominio requeridos, al menos en inglés
y en otros idiomas occidentales, ya habían sido tomados.
El concepto de nombre de dominio es esencial en tiempos de Internet.
En realidad es un nombre que representa un número único
en la Red de redes, una dirección, una forma de identificación
de un partícipe del ciberespacio. No puede haber dos iguales,
ya que la repetición confundiría las máquinas
y generaría inestabilidad.
La estabilidad es el gran secreto de la existencia de Internet. La
existencia de un sistema de direcciones únicas reconocidas
por todos los servidores conectados es la clave de esa estabilidad.
Y muchos comentaristas de acontecimientos relacionados con las redes
consideran que quien controla esa estabilidad tiene también
una cuota importante de poder.
En los tiempos primigenios hubo instituciones académicas que
se ocuparon de este tema en Estados Unidos, donde estaba la 'columna
vertebral' de la Red de redes. Pero el crecimiento de Internet y su
internacionalización plantearon desafíos importantes,
y provocaron ambiciones insospechadas.
En los últimos años del siglo XX algunos grupos académicos,
incluyendo aquellos que hasta entonces habían garantizado la
armonía de Internet, trataron de establecer un organismo no
gubernamental en Ginebra, pero esos esfuerzos fracasaron cuando el
gobierno estadounidense decidió representar un papel más
importante en la toma de decisiones.
Los documentos sobre el destino de la administración técnica
de la red iban y venían mientras los grupos de noticias de
especialistas en este tema contenían inflamadas apreciaciones
a favor o en contra del rumbo de las negociaciones sobre los nombres
de dominio de Internet. Estados Unidos, país donde se inventó
este sistema, sostenía la necesidad de crear un organismo que
fuera confiable.
El resultado final fue la creación de ICANN, algo así
como la Corporación de Internet para la Asignación de
Nombres y Números. El organismo de caracter internacional que
existe hace unos dos años ha sesionado a lo largo y ancho del
mundo en busca de fórmulas para ampliar el sistema de nombres
de dominio en forma estable.
Pero no ha sido una tarea fácil. ICANN tiene legiones de detractores
que acusan a sus miembros de ineficacia o de intereses creados. Y
hay quienes auncian sin mayores inconvenientes que este organismo
les provoca urticaria pues intuyen el surgimiento de un nuevo poder.
Después de meses de debates, y de más de 50 propuestas
presentadas por instituciones y empresas de diversas partes del mundo,
ICANN anunció en noviembre de 2000 que habrá siete nuevas
categorías de dominios superiores en Internet: .aero, para
la industria aeronáutica; .biz, para los negocios; .coop para
organizaciones corporativas; .info, presumiblemente para medios; .museum
para museos; .name para sitios personales; y .pro para profesionales.
El dominio superior o genérico marca el territorio. En el caso
de los países tienen dos letras, como '.mx' para México
o '.tv' para Tuvalu, que ha hecho de la venta de nombres con esa terminación
una nueva fuente de ingresos en divisas.
Pero los que han demostrado mayor proyección internacional
son los que definen un tema, con tres letras o más, como '.com',
o como será '.aero'. Los límites de estos temas son
amplios, se estiran: nadie puede controlar el contenido de todos los
sitios, ni la veracidad de todas las solicitudes.
Y el primer síntoma de cambio será la aparición
de las direcciones '.info', que convocan a todo tipo de sitios de
información (es decir, a todos, cualquiera sea su naturaleza),
y el .biz, en principio restringido a empresas, una condición
que hacen valer con un alto precio en la solicitud.
En ambos casos se han previsto procedimientos para lidiar con problemas
de marcas registradas y con otro tipo de disputas. Seguramente será
el principio de la descongestión.
Pero llegará el día en que ni siquiera los siete nuevos
dominios bastarán para abarcar todo.
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