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Sucedió
en Valladolid
En
realidad da lo mismo si hablas español o castellano, lo esencial
es no perder contacto con una realidad desbocada. Y es difícil
porque tenemos un idioma con burocracia. Pero hace unos días
fueron rotas unas cuantas barreras. Por ejemplo, podemos decir web sin
temor a equivocarnos.
Más allá
de las declaraciones repetidas sobre la unidad dentro de la diversidad,
sobre la impureza como una ventaja, o sobre el verdadero nombre de
un idioma, el II Congreso de la Lengua realizado en Valladolid tuvo
una cualidad: sirvió para anunciar una nueva versión
del español (o castellano) oficial.
Lo más notable: reconoce la existencia de Internet y otras
tecnologías que pertenecen a esta era digital, o al menos de
una parte de ellas. Pasaron años durante los cuales no se sabía
muy bien como reaccionar ante la avalancha de un nuevo lenguaje vinculado
al alumbramiento de las nuevas tecnologías, en gran parte inspirado
en el inglés.
Palabras como web, hardware y CDRom, ya son aceptadas, aunque en algunos
casos sea sólo como 'tecnicismo'. También llegaron otras
que estaban ausentes: transgénico, talibán, liposucción,
alzheimer, todas relacionadas con el mundo moderno. Y extranjerismos
también, como rock y gay.
Los nuevos términos, que suman decenas de miles e incluyen
unos cuantos 'americanismos' están incluidos en la versión
2001 del famoso Diccionario de la Real Academia. Y es un cambio importante
aunque seguramente no terminará con los encendidos debates
sobre el rumbo correcto del idioma.
En el caso de Internet esos debates han estado relacionados con el
uso de palabras inglesas, las polémicas presentadas por los
más puristas que exigen encontrar equivalentes castizos, o
los que quieren abandonar por completo la posibilidad de hablar español.
En medio de ese escenario surgió el 'ciberspanglish', un híbrido
inspirado por el esparcimiento de la tecnología.
La actualización oficial del idioma incluso asumió algunos
términos de ese ciberspanglish, como 'zapear'. Y debería
ser bien recibida porque es una muestra de flexibilidad, aún
cuando persiste la sensación de incomodidad, al tener un idioma
reglamentado por una superestructura y no por el estado de las cosas.
Los académicos de la lengua pertenecen a una raza especial
de hispanoparlantes: cargan sobre sus hombros con la preocupación
por el idioma que hablan unas 400 millones de personas. ¿Tiene
importancia el trabajo que realizan? Esa es una pregunta que puede
generar una gran cantidad de respuestas diferentes.
El argumento en favor de la existencia de estas entidades escudadas
en el Diccionario de la Real Academia que esgrimen como prueba de
la verdad, sugiere la necesidad de una coherencia y una planificación
para el desarrollo del idioma. Otros, consideran que es una burocracia
innecesaria, pues las lenguas deben evolucionar en forma natural.
Discusiones interminables...
Otro signo importante de los nuevos tiempos fue que el Congreso de
la Lengua estuvo dedicado principalmente a analizar el tema del idioma
en la sociedad de la información.
Aunque los 400 millones de hispanoparlantes convierten al español
(o castellano) en uno de los idiomas más hablados, en el encuentro
se destacó que apenas 26 millones están conectados.
Pocos, frente a los 260 millones de angloparlantes, argumentaron algunos
de los convocados en declaraciones ampliamente difundidas.
El argentino Martín Varsavsky, conocido por haber comprometido
parte de su fortuna para el desarrollo de sitios educativos y de impulso
a la conectividad, hizo notar que los hispanoparlantes son muchos,
pero al mismo tiempo muchos de ellos son pobres y difícilmente
podrán acceder a Internet mientras no superen esa condición.
¿Se pierden los idiomas tras la aparición de Internet?
Muchos temen a la hegemonía del inglés. Pero hay otra
forma de ver las cosas: el fenómeno de la conectividad ha permitido
que un número sin precedentes de personas hispanoparlantes
(o checoparlantes) estén produciendo contenidos en su propia
lengua. Hay una explosión de la diversidad linguistica que
puede pasar desapercibida si se sacan conclusiones apresuradas.
El papel de Internet como inhibidora de idiomas ya ha sido cuestionado.
Aunque el inglés predomina en el ciberespacio, no necesariamente
anula las otras lenguas. Algunas como el serfaradí o el esperanto,
renacen desde las profundidades de las redes, donde incluso hay grupos
que hablan lenguas artificiales, como el klingon de Viaje a las Estrellas.
Todo parece indicar que en el futuro el inglés seguirá
allí, porque será una especie de 'lingua franca' o de
protocolo de comunicación entre personas que hablan distintos
idiomas, por ejemplo un mexicano y un checo.
Sin embargo en el futuro también tendrán un peso importante
idiomas que se mencionan poco por estos lados: por ejemplo el chino
mandarín, el más hablado del mundo, en un país
donde la conectividad a Internet aumenta en forma vertiginosa.
¿Y qué pasará con los híbridos? El ciberspanglish
es un acercamiento indudable a una de las potencialidades de una era
digital: el surgimiento de nuevas culturas, que en realidad son transculturas.
PD: El sitio de
la Real Academia Española está en http://www.rae.es/,
pero bordeaba el colapso después del Congreso de la Lengua.
Por ejemplo, era imposible acceder a la nueva versión del diccionario
OnLine. Para más información sobre el Congreso, lo mejor
es ir a http://www.cervantes.es
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