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El registro de la ciberhistoria
Internet es reino de lo impalpable, de lo efímero. Un ciberespacio donde la información parece destinada a desaparecer... a menos que alguien haga el esfuerzo por llevar un registro de miles de millones de webs y mensajes. Ahora esa historia ya está disponible, aunque algunos preferirían no ser parte de ella.

Durante varias semanas el grupo de intercambio de mensajes sobre producción de contenidos para Internet conocido como 'iContent' estuvo concentrado en el tema de los 'archivos involuntarios'. Alguien trataba de registrar las páginas web para sustentar la historia del ciberespacio, un esfuerzo en apariencia loable que sin embargo provocaba reacciones encendidas.
En 'iContent' apareció primero una corriente: era inaceptable que alguien estuviera registrando esa historia sin avisar previamente a los propietarios del contenido. Los enervados argumentaron que había violación e incluso 'robo' de los derechos de autor, y que la participación en una iniciativa de ese tipo debería ser voluntaria, previa consulta.
Pero luego vino la reacción: otros consideraron que es positivo rescatar esta labor de registro habitual en las bibliotecas del mundo 'real' aplicado a Internet, porque es importante conservar documentos que permitan explorar la historia del ciberespacio o de sus actores, y que de otra manera se perderían en el tiempo.
El debate fue desatado por la apertura al público de los archivos de 'archive.org', un esfuerzo titánico por preservar información. Tienen almacenadas 10.000 millones de páginas web producidas desde 1996, cuando ya era notorio que algo estaba sucediendo en un antilugar electrónico demarcado por tres letras: 'www'.
La gente del 'Archivo de Internet' o The Internet Archive cuenta con el respaldo de una serie de empresas de tecnología encabezadas por Alexa, que dispone de un sistema de exploración de sitios web mediante el cual establece vínculos inteligentes, estadísticas y otros datos aparentemente invisibles.
En la página principal de 'archive.org' aparece el objeto de la discordia, un buscador llamado 'The Wayback Machine' o 'La máquina del retorno' que permite encontrar versiones pasadas de los sitios web, o de sitios web que ya no existen, o de aquellos que cambiaron o vendieron o perdieron su nombre de dominio.
El viaje a través de esta historia puede resultar apasionante, pero no es extraño que sea fuente de conflictos. El tema del derecho de autor iba a aparecer tarde o temprano porque está de moda en la Internet de comienzos del siglo XXI. Los defensores de la propiedad intelectual son suceptibles y reaccionan ante cualquier perturbación, sin importar las consecuencias. Alguno ya ha amenazado con juicios a los responsables de este registro histórico.
Otros conflictos en torno a esta iniciativa tienen como protagonistas con sitios que cobran por el contenido o por consultar sus archivos, y que no desean ver desplegados allí algunos de sus artículos.
Pero otros críticos menos virulentos hacen observaciones más inquietantes: Internet es un medio impalpable con fuerte tendencia a lo efímero y la producción de contenido suele considerar esa realidad... muchas veces está concebida para desaparecer en el tiempo. Indudablemente, Internet no es sólo de un medio de comunicación donde se publican artículos o noticias, que es lo que suelen registrar las bibliotecas. Su naturaleza es mucho más compleja que eso.
El uso de códigos en la programación o el aviso a los organizadores de este registro puede evitar que una página sea parte de esa ciberhistoria. Pero la urgencia por archivar la inmensa cantidad de información que pasa por nuestros ojos y luego se escurre entre los circuitos no cesa. Apenas comienza.
Una de las inciativas más comentadas de los últimos tiempos fue la del buscador Google, que en diciembre de 2001 puso a disposición del público en general una verdadera cantera de conocimientos, acontecimientos y, por qué no, chismes: se trata de 700 millones de mensajes enviados desde 1981 a los grupos de noticias o de discusión conocidos como Usenet.
Cualquiera puede buscar en esas bases de datos. Y, según ha trascendido, muchos ya han encontrado referencias a un pasado que preferirían olvidar.
Pero el mismo Google realizó un esfuerzo por demostrar la importancia de este registro y puso en línea una lista de mensajes históricos: en 1981 la primera referencia a Microsoft en un grupo Usenet, el primer comentario sobre una PC IBM, la primera conversación digital sobre el Sida en 1982, el primer mensaje después de la caída de Berlín, y el anuncio de un investigador sobre el proyecto de crear algo así como una World Wide Web en 1991.
Los registros de webs y mensajes de Internet van más allá de la historia formal: son la historia de las sociedades, una materia prima para los antropólogos que tratarán de desentrañar los misterios de la era fundacional del ciberespacio.
Entonces usarán recursos como el Zeitgeist de Google, una lista de los términos más buscados en el buscador más utilizado de Internet. Sabemos que el año pasado fueron: nostradamus, cnn, world trade center, harry potter.
Sin duda una pista para entender quien fija las prioridades en el mundo de los 500 millones de conectados del 2001, que aún eran menos de 10 por ciento de la humanidad, ¿recuerdas?


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