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Voyeurismo y exhibicionismo
Una de las vetas más explotadas por los paladines del cibersexo es la del voyeurismo. Pero, ¿alguien se imaginó antes del advenimiento de Internet las dimensiones que podría alcanzar el exhibicionismo?

Vea también: La llamada de eros

En el principio sólo mirábamos, recordará algún día un estudioso del cibersexo, en un futuro en el cual podrían abundar aparatos destinados al placer virtual o las emociones a distancia. Pero lo más probable es que aún en ese entonces hipotético los ojos conservarán su poder.

Esas miradas furtivas, afrancesadas bajo la denominación de 'voyeur', sostienen un negocio explosivo en el ciberespacio, que genera demanda de conectividad, tecnología, desarrollo gráfico, computadores...  Sin embargo, no son la expresión de un cambio social porque hace mucho tiempo la sociedad tiene el morbo de 'ver'. La gran novedad de Internet, son las legiones de personas decididas a 'mostrar'.

Una de las facetas más inquietantes de la exhibición en Internet es mucho más cercana a nuestra realidad de cada día que los excesos de pornógrafos profesionales o de quienes rompen la ley o de quienes denigran al ser humano: es la que convoca a personas comunes y silvestres quienes de repente deciden cambiar de pose.

"Bienvenidos, voyeurs, al viaje sexual y muy íntimo de una chica del siglo XXI", dice la introducción a los Digital Diaries de Natacha Merritt, quien usa la cámara fotográfica para tomar instantáneas de su propia vida, que tal vez hubiera sido igual de turbia sin Internet, pero mucho menos exhibida.

La introducción advierte que si este diario hubiera sido difundido el siglo pasado, ese siglo XX que a veces parece tan lejano, habría sido quemado, probablemente junto con su autora, que parece estar gritando 'quiero que me vean' y, sin ser un producto de la industria del porno, no duda en abrir las piernas para lograrlo en una colección documental que terminó siendo publicada por la elegante editorial Taschen.

El caso de Natacha Merritt es famoso, y sin duda sería válido el argumento de que dejó de ser una persona común y silvestre para convertirse en una figura del eros, el sexo o el porno (según la mirada del voyeur), o más bien en un cibersexsymbol.

Pero Internet está plagada de otros exhibicionistas mucho más comunes y silvestres. Aquí y allá florecen los sitios dedicados a publicar las fotos de aficionados en las poses más inverosímiles: los sujetos dicen tener una profesión común, amas de casa, maridos orgullosos, viciosos del sexo, curiosos, abuelos y abuelas, almas solitarias, exploradores de experiencias excitantes, ejecutivos, pornostars por casualidad, secretarias...

A menudo las imágenes son poco profesionales, igual que las poses. Con frecuencia los cuerpos y las edades están fuera de lo habitual en el mercado para voyeurs. Es común que no sean mostrados los rostros y se disfracen las direcciones de email. Y gran parte de ellas van dirigidas a un público de voyeurs masculinos, aunque esto no es una novedad ciberespacial...

En el sitio del Voyeur Web, uno de los más conocidos, las fotos muestran realmente de todo. Más allá de las secciones de voyeurs que toman fotos en la playa o en los centros comerciales, o que colocan cámaras en vestuarios públicos, el poder del sitio está en los envíos de sus colaboradoras y colaboradores.

Y la muestra es variopinta. Así como algunos aficionados cultivan el arte de la insinuación o la sombra, otros entran directamente en el terreno que lo que sin duda podría ser calificado de pornográfico.

¿Por qué lo hacen? Las declaraciones son variadas, algunas más verosímiles que otras. Algunos maridos dicen mandar fotos de sus esposas para mejorar su vida sexual, algunas mujeres advierten sobre la necesidad de mostrar, hay quienes parecen esperar con ansias los comentarios de los internautas, y otr@s prefieren guardar silencio. Por supuesto, hay quienes lo hacen por plata.

En el sitio español de Jaime y Ana, de exhibicionistas en habla hispana, parecen vincular el éxito de sus galerías al anhelo por la desinhibición y al deseo de expresar una mayor libertad sexual.

Muchos de los que envían fotos a este sitio, casi todos de España o América Latina, dicen que buscan la intensidad sexual, que les encanta mirar sus fotos en la red, y que se excitan con los comentarios de los usuarios. Y esos comentarios pueden llegar en forma torrencial.

El exhibicionismo, por cierto, tiene varias facetas en Internet, aparte de los desnudos. Muchas personas colocan sus fichas personales en la teórica busca de amigos o parejas y allí exponen o inventan intimidades, aunque no haya fotos. En portales destinados a los jóvenes, como el otrora exitoso y ahora desaparecido 'Loquesea.com', el tema del sexo solía estar muy presente, aún cuando fuera a través de insinuaciones verbales.

La tecnología colabora con los nuevos exhibicionistas. En una de sus facetas hay legiones de personas dispuestas a exponerse a conversaciones a través de sistemas de mensajes o foros. Pero además existen las webcams que convierten a los computadores en verdaderos videófonos: dos o más personas pueden ser voyeur y exhibicionista al mismo tiempo.

Internet está llena de personas que colocan webcams en sus casas en forma permanente para que la gente las vea. Hay algunas con contenido sexual, muchas de esas aplican sistemas de pago aunque las modelos no sean profesionales ni vivan sólo de eso, pero otras simplemente muestran rutinas diarias. Siempre apelan a ese misterio: el morbo del voyeur.

En el sitio de The Peeping Moe, donde hay muchas cámaras web enlazadas, queda claro que alguna gente hace shows delante de la webcam de su computadora.

¿Qué estará pasando? Tal vez esté relacionado con el éxito y la curiosidad que logran los espectáculos de desnudos masivos en estos comienzos de un nuevo siglo (ver fotos de Spencer Tunick)... pero los análisis sobre este tipo de conducta apenas comienzan a elaborarse, y tal vez nunca lleguen a conclusiones definitivas.

Al parecer, mostrar es excitante. "Espero algún comentario de mi cuerpo, con más detalles y fantasías", pide Ale, una joven que llama a publicar desnudos en su comunidad en Internet, donde ella misma se exhibe.

También hay otros que rápidamente descubren la otra veta: mostrar puede ser rentable. El negocio lo sostienen los voyeurs, que siempre son legiones... Así las personas decididas a mostrar descubren en el camino que pueden ganar plata, por ejemplo con secciones para 'miembros' donde colocan sus fotos más audaces y establecen espacios de conversación.

Muchas personas, sin duda, se acercan al exhibicionismo por dinero. Y de un día para el otro algunos se convierten en protagonistas de cuerpo (sobretodo) y alma de la industria del cibersexo o del porno virtual o de un negocio perturbador, o de quién sabe qué.

¿Es todo real? Siempre es posible sospechar la existencia de mafias detrás de algunas fotografías, o detectar un profesionalismo poco habitual en las tomas y poses. Pero hay demasiada información (después de todo aún las fotos más atrevidas son sólo bits y bytes) como para pensar que todo es un montaje.

Frente a este tipo de conductas hay quienes reclaman ante el presunto regreso de Sodoma y Gomorra y piden mayor censura lo cual, de acentuarse, podría generar nuevas y futuristas inquisiciones. Otros creen que la sociedad se está liberando, después de todo somos los humanos del siglo XXI, es decir, del mañana, de la era planetaria, o ciberplanetaria.

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