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Introducción
En el principio fue una 'L'.
Hitos
y mitos
Una historia compleja.
Esperanto
tecnológico
Creación del lenguaje.
Tiempos
modernos
El 1 de enero de 1983.
Tierra
rara
Red desencadenada.
Cronología
Enlaces
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Recuerdos del futuro/5
Tierra rara
En 1994 las
señales de cambio eran claras. La aparición del navegador Netscape
permitía surcar la WWW con más confianza, el surgimiento de los
buscadores de información y el despliegue ciberespacial de poderosos
medios y empresas, sustentaban la gestación de un nuevo territorio,
intenso, extraño, irreal. Todo sucedió demasiado rápido, si contemplamos
los últimos años.
Después que
se iniciaron las ofertas comerciales de conexión, las redes se convirtieron
en escenario natural de las vanguardias en todos los campos. Además,
los cuatro nodos del 20 de octubre de 1969 se habían transformado
en 2 millones de servidores en 1993, en 16 millones en 1997 y en
unos 50 millones en 1999. Cada uno de esos servidores es una compuerta,
detrás de la cual hay un número indeterminado de usuarios. A comienzos
del año 2000 todo parecía indicar que la población ciberespacial
rondaba los 300 millones de personas
En 1995 la NSF
abandonó la función de troncal de Internet, que a partir de entonces
quedó a cargo de grandes corporaciones. Pero además esa 'backbone'
comenzó a dispersarse y a internacionalizarse, dos características
que permiten contar con una Red distribuida, menos vulnerable a
las desconexiones. Cinco años después del estallido de la historia
ciberespacial, esta dejó de ser lineal, y abarca un abanico de temas
casi tan grande como el de la realidad.
En este período
los conectados han presenciado el despegue del comercio electrónico,
el auge y caída de la primera ola de prosperidad ciberespacial apoyada
en las especulaciones de valores, el surgimiento de nuevos modelos
de negocios y las fusiones empresariales que evidencian el interés
por Internet.
Pero el fenómeno
va muchísimo más allá de la economía: la información es un producto
multimedia capaz de atravesar océanos en segundos o minutos para
desplegarse ante nuestros monitores, un hecho que impacta sociedades
sometidas a un tráfico de ideas sin precedentes.
El lado blanco
y el lado oscuro conviven en los nuevos tiempos. Las cualidades
de la Red están balanceadas por los traumas que ocasiona su presencia
en nuestra civilización: exceso de información, falta de contacto
social, estafas digitales o difusión de la violencia forman parte
de un repertorio de preocupaciones provocado por Internet.
Y el peor problema
de todos, el de más difícil solución: el poder desigualador de Internet,
en un planeta donde la mayoría de la población aún no tiene ni siquiera
un teléfono.
Por detrás de
todo esto Internet no es sinónimo de una era de iluminaciones, pero
sigue teniendo el poder de cambiar los paradigmas de nuestros tiempos.
Si miras hacia
el futuro desde el comienzo del siglo XXI con Internet en nuestras
vidas, podrás ver una masa confusa: un ciberespacio que deja de
ser una moda o un privilegio, vertiginosamente, hasta convertirse
en una presencia concreta que ya no puede desenchufarse: una Red
de redes que se diluye en la realidad convertida en algo tan habitual
como la electricidad: un ciberespacio donde la mayoría de los aparatos
conectados no son computadoras sino teléfonos móviles o televisores
o electrodomésticos: una dimensión potenciada por nuevas tecnologías
que alguna vez formaron parte de nuestros sueños: un espacio donde
la confluencia de lenguas y culturas reeditan el caos de Babel.
Y, por supuesto,
todo eso irá acompañado por movimientos telúricos sobre nuestra
existencia, por abrumadoras luchas de poder.
La historia
de Internet, en todo caso, apenas comienza.
Fin
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