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El cadáver exquisito

Surrealismo y ciberespacio, bien mezclados con una pizca de literatura... así comienzan a surgir en algunos rincones de las redes los cadáveres exquisitos, el resultado de un juego que tiene por objeto descubrir la capacidad del colectivo y sus conexiones poéticas, narrativas y pictóricas de la manera más instantánea.

Al comenzar el siglo XX Zurich era una ciudad neutral y divertidísima. Cómo no serlo si en el llamado Cabaret Voltaire se reunía la crema y nata de los dadás, los mismos que cimentaron las bases para la próxima aventura: el surrealismo. En esos días la guerra del '14 lo dislocaba todo y el desquicio liberador alcanzaba a los artistas que cansados de la violencia y la sinrazón del combate se volvían de una vez y para siempre locos...
Zurich, Berlín y París, ese era el periplo acostumbrado para la pandilla de poetas que en sucesivos happenings y performances disparatados, arrojaban frente a las audiencias atónitas toneladas de absurdo. "Dadá escupirá sobre vuestras caras, dadá no es nada ni significa nada" pregonaba Tristán Tzara en su primer manifiesto.
Fue en una de estas particulares jornadas, como cuenta la leyenda, que un puñado de célebres poetas, entre los que estaban Robert Desnos, Paul Eluard, André Bretón y Tristán Tzara comenzaron el juego del cadáver exquisito. Los mitos se tejen: dicen que fue Desnos quien bajo un especie de hipnosis inducida por Breton articuló la célebre frase, o bien que la creación fue absolutamente colectiva. Como fuera, el nuevo juego se avenía a la perfección con los postulados de collage, montaje, atmósfera aleatoria y lo genuino de los hallazgos.
El juego ha mantenido su carácter de ejercicio pleno de azar y ludismo, dos conceptos que valían oro en aquellos momentos. El cadáver exquisito consistía en tomar un puñado de palabras de la más diversa especie, palabras de sonidos rotundos o delicados, palabras valijas con pequeños cosmos dentro de ellas, palabras irrefutables o percibidas a través de los sueños, palabras talismanes o palabras como el canturreo de un niño... luego el azar disponía y ordenaba.
Fácil y simple de jugar: un papel, un lápiz y la cantidad de participantes que se quiera. Todos aportan su línea, su mensaje y al momento de leer de corrido surge la sorpresa, las claves y las complicidades.
En la World Wide Web renace el cadáver exquisito y aprovecha la composición orgánica de la Red, donde cada quien está tan cerca del Otro como lo quiera. En estos días los cibercadáveres se encuentran en todos los idiomas y también hay hallazgos plásticos de esta vieja práctica: la colaboración y multi-intervención de imágenes.
En tiempos de hiperconectividad el juego surrealista alcanza delirios repentinos porque pone al alcance de millones textos que viajan por los cables buscando forma y azar. Es verdad que quizá muchos de ellos tienen una manufactura regular, pero también es posible encontrar gratas sorpresas.

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