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Notas
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¿Ya
visitó nuestra página sobre la otra novela emblemática
de Neal Stephenson? Conozca Snow Crash
Neal
Stephenson tiene una página web, donde pide que no lo perturben
http://www.well.com/user/neal/
El
website de Cryptonomicon, posterior a Snow Crash, con info sobre
el autor y otro material de interés
http://www.cryptonomicon.com/
Archivo
de la revista Wired sobre Neal Stephenson
http://www.wired.com
/wired/archive/
people/neal_stephenson/
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Los
ecos del futuro
La obra de
ciencia ficción más impresionante de los últimos
años tiene una particularidad: transcurre en el presente.
El Cryptonomicón contiene palabras clave: Internet, criptografía,
e-mail, hackers, información, y las proyecta hacia un millar
de páginas de novela.
La primera sensación
que produce la novela Cry(i)ptonomico(ó)n de Neal Stephenson
es material y (quizás) aterradora. Se trata de un ladrillo
negro, grueso y pesado, cuyas 918 páginas sugieren un arduo
camino por recorrer, aún más escarpado si consideramos
su naturaleza de aventura ciberpunk.
Esas dimensiones no se disipan por arte de magia. De hecho, los
franceses prefirieron editar la obra en tomos separados... Sobre
la traducción al español aún no sabemos nada
(septiembre 2001), pero quien esté dedicado a esa tarea tendrá
tiempo de sobra para empaparse con el estilo de este autor, esencial
en el escenario de la ciencia ficción contemporánea.
Aunque en realidad desafía el género de ciencia ficción
al pasar por encima de una de sus cualidades: la anticipación.
El principal síntoma de esa desviación ocurre al interior
de los lectores cuando tienen la sensación de estar recorriendo
con la mirada escenarios del mundo actual, del presente.
Y es posible llegar a otra conclusión... que vivimos en el
futuro, después de todo ya estamos en el 2001.
Hace tiempo sabíamos que el futuro de las naves espaciales
y los camareros robot está mucho más distante de lo
que suponíamos. El cambio más importante es intestino,
y está representado por la globalización y por Internet,
por fenómenos como tráfico de información,
erosión de fronteras, transculturización, choques
entre la ética y la ciencia, tensiones impredecibles que
desbocan a la civilización y la desafían y la atormentan.
Cryptonomicón ocurre en este futuro, entre gente que tiene
acceso al futuro. Los protagonistas ultraconectados a Internet del
escenario principal, en una novela que tiene más de un escenario,
tratan de subirse una y otra vez a la ola de la nueva economía
hasta que finalmente apuntan hacia una región con alto potencial
de desarrollo en Asia.
El objetivo es construir una especie de paraíso o 'limbo
de la información', que puede resultar una traducción
apropiada para el término en inglés, "data haven".
Eso no es una ficción, pues casi al mismo tiempo que Neal
Stephenson publicaba su novela en 1999 aparecía información
en abundancia sobre un proyecto real, llamado SeaLand.
El concepto de limbo tiene sus atributos: está más
allá de jurisdicciones nacionales, ofrece conexión
a Internet, servicios asociados a la Red y, sobretodo, la posibilidad
de almacenar y procesar información en poderosos computadores.
Casinos, bancos, revolucionarios, malandros, empresarios, inventores,
pornógrafos, conspiradores, buenos y malos a granel, en la
lista de potenciales clientes.
Ufff. Huele a futuro.
La onda 'cripto'
"El ingenio humano no es capaz de confeccionar una clave que
no pueda ser resuelta por el ingenio humano", advirtió
alguna vez Edgar Alan Poe. Con el avance de los tiempos es cada
vez más difícil probar esta afirmación, porque
los sistemas de codificación son perfeccionados cada día
hasta alcanzar dimensiones que hace una centuria o más eran
difíciles de imaginar. ¿Será posible que algún
día un ingenioso humano...?
Las guerras u otros conflictos menos evidentes han sido esenciales
para el desarrollo de los códigos. Sin embargo la era de
Internet genera presiones sin precedentes sobre los matemáticos
y sus computadoras, encargados de elaborar complejas claves para
ocultar el verdadero significado de los mensajes.
"La criptografía es la ciencia que crea los mensajes
secretos, y el criptoanálisis es la que los descifra",
explica un personaje del Cryptonomicón. Entre ambas forman
una disciplina científica, la criptología.
Los mensajes secretos acompañan a la humanidad desde sus
comienzos pero su importancia aumenta a medida que aumenta el número
de actores participantes en el intercambio de información
a distancia.
En el mundo de Internet hablamos de algunas cosas esenciales para
sustentar la Red de redes: la posibilidad de hacer transacciones
monetarias y comerciales, el intercambio de información corporativa,
reuniones confidenciales y virtuales, gobiernos electrónicos
que funcionan ciberespacialmente. Y, por qué no, a veces
la gente común también necesita enviar mensajes cifrados.
El sistema también lo usan, claro está, buenos y malos
de todo el universo.
No es un tema fácil. Numerosas organizaciones defensoras
de las libertades ciberespaciales han cuestionado al restrictivo
gobierno de Estados Unidos, que califica los códigos de cierta
complejidad como municiones y entonces prohibe su exportación,
por ejemplo en el software que vende ese país. Los opositores
de esta norma aseguran que terroristas y narcos pueden comprarse
los códigos en EE.UU. y operar allí mismo o sacarlos
en su disco duro, y que por cierto otros países compiten
con sistemas de encriptación más avanzados, lo cual
les otorga ventajas comparativas.
Esta es una discusión que tomó un nuevo rumbo después
de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados
Unidos. A pesar que esa acción no estuvo basada en el uso
de tecnologías de la información, el clima resultante
favoreció la posición del gobierno estadounidense
en contra de la liberación de la encriptación.
Cryptonomicón trata de un mundo contagiado por la fiebre
de la criptografía. Es un mundo moderno y actual, en el cual
las personas viven la doble vida de ser adictos a la información
y a la vez temerosos de sus consecuencias. Los personajes de la
novela no mandan mensajes sin encriptar y basan gran parte de su
capacidad de negocios en la habilidad para mantener un secreto.
La gran sorpresa del libro es que juega con la encriptación
en dos escenarios en los cuales aparece como un vector importante
para la realidad, como son la línea de combate de la II Guerra
Mundial y la vanguardia de la nueva economía de Internet.
En los años 40 describe un mundo en plena guerra donde matemáticos
brillantes y para entonces uniformados coquetean con la criptografía
y el criptoanálisis, vital para el desenlace de numerosas
batallas.
Un millar de páginas implican numerosas historias que confluyen
o se disipan, así que la guerra no matemática también
está presente en el libro, y los recuerdos, y las anécdotas,
y las descripciones de paisajes de otro tiempo.
El escenario que presenta la época actual es distinto. Allí
los protagonistas pertenecen a un segmento de la civilización
que vive estos tiempos en forma vertiginosa y paranoica. Quizás
por eso son tan dependientes de la criptología. El libro
lleva grandes dosis de hardware y de software, y aunque no hay que
ser un experto en tecnología para leerlo ayuda tener una
cierta familiaridad con las computadoras, Internet y la cibercultura
en general.
En algún momento dentro de todo este libro, por supuesto,
los dos mundos del pasado y el presente-futuro confluyen, y en cierta
forma eclosionan.
Stephenson no es un autor fácil de digerir, su prosa y sus
imágenes a veces son complejas, y en este caso pueden ir
condimentadas con un código incompresible o con ecuaciones
matemáticas.
En obras anteriores Stephenson retrató sociedades hiperconectadas
atacadas por un virus (en la estupenda novela Snow Crash), y límites
muy futuristas de la nanotecnología (La Edad del Diamante).
La próxima entrega lo volverá a sumir en la criptografía,
pero según el mismo ha dicho, hablará más del
pasado.
Notas sobre
una novela
Una de las virtudes de una novela que mezcla en forma muy dura la
ficción y la realidad es la posibilidad de hacer guiños
al lector. Y esos guiños dan lugar a intensas búsquedas,
disquisiciones y debates que tienen como escenario de privilegio,
nuevamente, Internet.
Los lectores de Cryptonomicón encontrarán muy pronto
un personaje real, Alan Turing, el brillante matemático que
trazó fundamentos de los primeros computadores y soñó
con la inteligencia artificial, retozando en un prado académico
con un novio alemán con el cual discuten de... criptografía,
entre otras cosas.
El alemán Rudolf von Hackelberg aparece igualmente brillante,
pero es inventado, lo mismo que ocurre con el protagonista norteamericano
de esa época de los años 40, quien rompe unas cuantas
barreras, a veces con invenciones incomprensibles para sus congéneres,
como la... 'digital computer'.
Los tres terminan envueltos en el remolino de la guerra, armados
de ecuaciones matemáticas. El protagonista de estos episodios
bélicos, Lawrence Pritchard Waterhouse, usa las tarjetas
'ETC' para alimentar máquinas de cálculo. ETC por
Electrical Till Corporation, que no existe pero se parece a International
Business Machines, o IBM.
Lawrence ha estado en contacto con los descifradores de la máquina
Enigma de los nazis, y tiene una insólita aventura criptológica
en una tierra de las islas británicas denominada Qwghlm,
un puzzle para los lectores del Cryptonomicón.
El sitio podría estar donde vemos las islas Hébridas,
o las Orcadas, una región inhóspita de gente muy dura
y cerrada. Los desencriptadores aliados se instalan allí.
En los sitios de debate en Internet plantean otra posibilidad: ¿no
será Gales trasplantado? Los habitantes de Qwghlm, cuyas
costumbres están citadas en la borgiana Encyclopedia Qwghlmiana,
hablan dos formas de un impronunciable dialecto, que para algunos
evoca al galés.
Submarinos nazis, ingenieros japoneses en filipinas, marines en
misiones suicidas y profundos debates matemáticos, adornan
en este libro las escenas de la guerra.
Y luego viene el tiempo presente, donde un descendiente de Lawrence,
Randy, encabeza el sueño californiano del 'data haven'. Uno
de los principales guiños de la lectura es el lugar escogido
para construirlo: el sultanato de Kinakuta, que en realidad no existe.
¿En qué estaría pensando Stephenson, en Tuvalu
o algo parecido?
La elección de estas regiones de Asia para una novela no
fue casual. Parte de la trama afloró cuando Stephenson fue
enviado por la revista Wired a seguir la ruta de instalación
de uno de los cables submarinos más largos del mundo.
Así, la mayor parte del Cryptonomicón transcurre en
Filipinas, y ronda la leyenda de túneles llenos de oro robado
por tropas japonesas.
El libro está plagado de e-mails con firmas encriptadas,
coordenadas de GPS para ubicar los lugares, pequeños aparatos
conectados a la red, de celulares. En una escena aparece la 'bomba
electromagnética', un arma de guerra para la era de la información
capaz de mandar un impulso que liquida los discos duros entre otros
aparatos. Y también insinúa el uso de un aparato de
espionaje conocido en la realidad como Tempest, citado en la novela
como Van Eck, capaz de registrar todo lo que una persona ve en un
monitor, incluso a través de las paredes. Y el sistema operativo
Linux aparece con otro nombre, Finux.
La paranoia es constante, el temor a ser escuchado, a ser invadido,
a las ideas robadas, al copyright violado, a las demandas judiciales:
¿a quién puedo citar?, ¿en qué tecnología
me puedo basar? ¿Existe la seguridad total para la información?
Uno de los protagonistas insinúa nuevas fronteras para el
terrorismo: los cables submarinos se pueden cortar.
En Cryptonomicón aparecen los Secret Admirers, que en la
realidad son conocidos como Cypherpunks, una casta de tecnófilos
orbitando alrededor de los sistemas de información y de su
encriptación. Además existe la Turing Magazine, supuestamente
esencial para la era digital, ¿Tal vez Wired, tal vez Mondo2000?
Y luego viene el mayor de los guiños: el título de
Cryptonomicón. Dentro de la novela es el nombre de un tratado
de encriptación escrito a través del tiempo, desde
hace 400 años. Cada experto que descubre un nuevo rumbo para
este mundo, lo agrega al Cryptonomicón de la ficción.
Hay un escrito sobre los Cypherpunks llamado Cyphernomicon, pero
Stephenson asegura que no lo conocía.
Curiosamente nadie nombra el libro que más retumba en nuestro
pensamiento, quizás por la sonoridad: el Necronomicón,
el misterioso libro citado por los personajes de los cuentos de
HP Lovecraft, testigos de realidades abominables, de mundos paralelos
y de revelaciones impronunciables.
Aunque no está claro si el Necronomicón existió.
En cambio el Cryptonomicón está ahí, sobre
una mesa. Y lo puedes ver claramente: parece un ladrillo negro,
con sus 918 páginas.
(fin)
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